martes, 2 de junio de 2015

LAS TABERNAS DE LA CALLE TABERNILLAS

LAS TABERNAS DE LA CALLE TABERNILLAS

La calle Tabernillas  va desde la plaza de Puerta de Moros hasta la calle Mediodía Grande.  Ya aparece en el Mss 5918 de la BNE (h-1626) con el nombre de  Tabernillas de San Francisco  por la proximidad con el monasterio del mismo nombre. En  el  plano de Texeira (1656) está rotulada como Tavernillas (sic); en el plano de Chalmandier (1761)  se la nombra como Tabernillas  y en los de Espinosa (1769) y Tomás López (1785) como Tabernillas de Parla porque, según Répide, las tabernillas que aquí había  “pertenecían al pueblo de Parla, que tenía el privilegio de surtirlas”. Desde 1835 la calle se denomina simplemente Tabernillas.
Antes de continuar debemos hacer una aclaración y es que no debemos confundir esta calle  con la zona conocida como “tabernillas de Parla” que estaba por donde ahora se juntan la Gran vía con la calle de Alcalá. En el AHP leemos que:

El 15 de febrero de 1629 Diego Duarte vende a Gaspar Hernández “vezino de la villa de Madrid que tiene su taberna en la calle de Alcalá a do diçen las Tabernillas de Parla, en casas del guantero de la rreyna nuestra señora, ...tres cubas de vino blanco”

Según Herrero García sus dueños pidieron licencia para abrirlas en 1627 y se les dio un permiso temporal que se les retiró en 1673.
Aunque el mismo Répide nos dice que ya había tabernas  en esta zona en la época árabe, cosa un tanto dudosa y difícil de demostrar, lo cierto es que nosotros no tenemos  referencia de tabernas en esta calle hasta el siglo XVI  aunque no se puede asegurar que no las hubiese.
La primera taberna que tengo documentada es la de Andrés Rodríguez.  en 1583; curiosamente este tabernero era hermano de Alonso que fue primero tratante y después puso taberna en la calle Tudescos y que estaba casado con Ana de Villafranca enamorada de Cervantes y con la cual tuvo una hija, la única que se sepa del gran escritor.
En  el S-XVII Gabriel Mellado tiene taberna en esta calle al menos entre  1637 y 1647 y en 1678 conocemos otro tabernero, Pedro Ortiz.
Ya en el S-XVIII , en 1701, encontramos la taberna de Domingo Terrón junto a la cual Manuela Rodríguez tenía un bodegoncillo de puntapié, que eran  unos cajones o puestos al aire libre donde se vendían cosas de comer. Solían estar a las puertas de las tabernas o puestos de vino y junto a los mercados. Su nombre se debe a que se podían  echar abajo de un puntapié.
Otra tabernas documentadas en el S-XVIII son las de Juan de Omás (1720), Juan de Velasco (1730), Antonio Martínez (1740), la de Manuel Faeño (1769-1779) en la esquina N con la calle Oriente, la de Juan Parrondo (1770) esquina con la calle del Reloj (Lucientes) y las de Antonio Pérez y Cayetano García ambas en 1779.

Tabernilla  madrileña

En los siglos XIX y XX, aparte de las tabernas de los números 13 y 23 a las que nos vamos  a referir después, había templos de Baco en las siguientes localizaciones.
En 1805, en el nº 8 de la manzana 104 (esquina N con la C/. Oriente).
En el actual nº 1 nos encontramos las de Felipe García y Joaquín Fernández en 1911, Agapito Quiroga en  1920 y Tomás Castillo en 1930.
En el nº 3 había ya taberna en 1848. Entre 1861-63 estaba a nombre de Andrés Fernández, en 1871 era conocida como la "Taberna de Álvarez" y 1880 su propietario era Leonardo Méndez siendo en 1887 Andrés Martínez el tabernero y en 1894 Benigno Fernández.
En el nº 4 ya en 1894  había una taberna propiedad de Ramón López; entre 1897-1900 pertenecía a Juan Argüello, en 1905 la tabernera era Manuela Fernández, en 1911 era de  Enrique Sánchez y en 1920 de Juan de la Vega.
En el nº 8 la primera taberna documentada  es la de Justo Ramibas en 1851, después tenemos la de Alejandro de la Cruz (1861), la de Joaquín Álvarez (1861-68) y, finalmente, la de Pedro Lodeiro (1868)
En el nº 9 había ya una taberna en 1851 que ocupaba los números 9 y 11; entre 1887-1894 estaba  a nombre de Antonio Fernández; en 1900 la propietaria era Polonia Fernández y en 1911 Francisco López.
Si pasamos al nº 10 antiguo (actual nº 6, esquina a la calle de las Aguas) en 1879 nos encontramos una posada-parador cuya existencia tenemos documentada al menos hasta 1930. Sus sucesivos propietarios fueron: Bernabé Benito (1879), Tomás Luengo (1887), Celestino Pellico (1897) y Dionisia García (1911-1930). Seguro que en este establecimiento se podía uno tomar buenos caldos manchegos o madrileños..
En el nº 11 tenemos constancia de una taberna en 1950 siendo el tabernero Dionisio García. Quizás sea el hijo Dionisia, la dueña del parador del nº 10.
En1880  había una taberna en nº 15 cuyo propietario era Juan Iglesias; en 1887 era de  Domingo González, en 1894 pertenecía a Ramona López y en 1905 a Joaquín Fernández.
Entre 1865 y 1870 hay una taberna en el nº 17 aunque desconocemos el nombre del propietario.
También en el nº 19 (esquina a Lucientes) podía uno saborear un chato en casa de Nicolás García (1861-1868) que en 1880 pasó a Romualdo García y en 1887 el tabernero era Bernabé Benito, propietario también por esa época del parador. La taberna pasa a nombre de Eduardo Sánchez en 1894, en 1900 a Miguel García, en 1911 a Saturnino García y en 1920 a Isidro Barrios.
Vamos a continuación a hablar de las dos últimas tabernas antiguas de esta calle, desgraciadamente una de ellas ya desaparecida.

LA COPITA ASTURIANA


La Copita Asturiana
José Bueno y María Mayo llegaron a Madrid, procedentes de sus Asturias natal, y en  1959 se hicieron cargo de la taberna del nº 13 a la que dieron el nombre de La Copita Asturiana. Este local debió ser bodega desde 1904 año de la construcción de la casa. Hay un dato que nos ayuda en esta hipótesis y es que el diámetro de las cubas que tienen en la cueva es mayor  que la distancia entre las vigas que la cubren, lo que  nos hace sospechar que primero pusieron las cubas y después fueron construyendo la casa. Lo cierto es que ya en 1911 era una bodega a nombre de  Isidro Carbajo. Parece ser que durante un corto periodo de tiempo era conocida como Bodegas Escudero para posteriormente alcanzar la categoría de taberna. En 1950 estaba rotulada como Casa Eduardo.


Cubas en la cueva. Observen el diámetro  de ellas y la distancia entre las vigas del techo

Este local es la única taberna clásica que queda en esta calle. Tiene una preciosa portada pintada de rojo -el color típico de las tabernas madrileñas- y un interior sencillo en el que conserva, sobreviviendo a unas obras recientes de consolidación de  la casa, un típico mostrador de estaño con la clásica grifería.
Al fondo de la taberna, donde antes era la vivienda de los propietarios, se amplió el restaurante  en 1993 para poder satisfacer la gran demanda de clientes.
Cualquier plato que se pida es una fiesta, destacando los típicos asturianos: fabes con almejas, pote asturiano, fabada, callos con garbanzos o buenas carnes y pescados frescos, todo ello acompañado del buen hacer, la simpatía y el encanto de los dueños apoyados por su hija Olga y su marido José María.

Pepe y María con unos amigos a principios de los años 60
Como curiosidad diremos que durante la Guerra Civil  se comunicaron las cuevas de varios edificios vecinos    para más seguridad ya que sirvieron como refugio y en caso de derrumbe de una finca podían salir por otra a través de las referidas cuevas.

Pepe escanciando a la puerta de la taberna (hacia 1965)
En cuanto a los clientes de esta casa, sería mas corto hacer una relación de los que nunca han estado que de los que han  pasado por ella. Políticos de todos los signos (alguna ministra se tuvo que ir sin comer por estar las mesas ocupadas), artistas de todo tipo, escritores, periodistas... En fin, una lista interminable de madrileños, famosos o no,  que han degustado -y degustan- los guisos de doña María.




Pepe y María motorizados frente a la taberna abierta pocos años antes



Cuando en el 2009 se celebró en la taberna el 50 aniversario de su fundación, un cliente dado a la poesía, dedicó este romance a Mari y Pepe, los taberneros.












Mari y Pepe en su taberna



TOMÁS

En el nº 23 de la calle existió hasta el 2007 otra antiquísima taberna, la de Tomás. al frente de la cual estuvo  desde 1932 la familia de Tomás González,  primero el padre y después los hijos Tomás y Luis. Aunque este último Tomás sitúa el origen de la taberna allá por el siglo XVII, sabe bien como investigador que es, que no tiene ningún dato que lo confirme. La primera noticia que tenemos de esta taberna es de 1867 y que en 1868 su propietario era Antonio Gutierrez pasando por distintos  dueños: Josefa Franco (1887), Juan Madrid (1894), Lorenzo Lambarde (1897), Marcial Río (1900-11)
Tomás es un personaje singular: lo mismo hoy te servía un vino en su taberna que mañana te lo encontrabas en el Archivo Histórico Nacional o en el de Simancas. Es pues un tabernero ilustrado autor de varios libros, uno sobre su barrio, "Mi pequeño Madrid"
Esta taberna nunca tuvo un horario muy riguroso (tenían otra pequeña con el mismo nombre al final de la Cava Baja que sólo abría un ratito los domingos por la mañana); en la de la calle Tabernillas un letrero advertía que únicamente se abría cuando el fútbol, el baloncesto o la depre de dueño lo permitían. Así pues, el horario era “abro cuando llego y cierro cuando me voy.”



La desaparecida taberna Tomás en la calle Tabernillas


Como curiosidad diremos que Joaquín Sabina, en sus primeros años en Madrid, fue vecino  de esta finca. Vivió unos años en una buhardilla del nº 23. Tanto la calle Tabernillas como la taberna de Tomas aparecen en alguna de sus canciones. En "Incompatibilidad de caracteres" cita su piso en esta casa.
  
                                                                         Si me excita el sesenta y nueve
                                                        me grita: "quiero un cuarenta y dos". 
                                                       Siempre que en mi piso de Tabernillas llueve 
                                                       en su buhardilla brilla el sol. 
                                                      ...Adiós amor, adiós mujeres. 
                                                       Debe ser un caso de in- 
                                                       compatibilidad de caracteres. 


Tomás González  sirviendo cañas (Foto de Carlos Osorio)
             En "Como te digo una.." habla de Tomás, creo que de una forma un tanto exagerada, pues no recuerdo yo que allí se consumiesen las gambas por kilos con sobremesas de copa y puro. Más bien era un local donde se podía tomar  pinchitos y canapés acompañados de buen vermut,  cerveza o vinito.

                                                    Pero a lo que vamos
                                                  ¿que dónde cenamos?
                                                  En casa Tomás,
                                                  Eh, de bote en bote,
                                                  Pagamos a escote,
                                                  Un kilo de gambas
                                                  Con su paternina,
                                                  Su buena propina,
                                                  Pacharán y puro
                                                 ¿cuánto nos cobraron?
                                                  No llegó a dos mil duros,
                                                 Tú dirás si es caro
                                                 Y ¿frescas? de puerto de mar.
                                                 Y ¿limpio? con decir Tomás,
                                                Oye, que era lunes y había que esperar.
                                                ¡joder con la crisis!
                                                ¿dónde está la crisis?


               Hoy la taberna de Tomás se ha convertido en una franquicia, desapareciendo así  otra mas de las entrañables tabernas del barrio. En cambio, en los años ochenta del pasado siglo, se abrió una taberna  junto a la de Tomás donde antes estaba la carnicería de Fermín. Este establecimiento, después de pasar por distintos dueños, en 1988 pasa a llamarse "Taberna J. Blanco". Es un local pequeño pero agradable  que recuerda  a las antiguas tascas y en donde, si tienes sitio, se come bien.

Taberna J. Blanco en Tabernillas, 23
BIBLIOGRAFÍA.-


- Biblioteca Nacional de España. Manuscritos
- Archivo Histórico Nacional
- Archivo Nacional de Protocolos
- Maganto, Emilio: Ana de Villafranca. Amante de Miguel de Cervantes
- Herrero-García, Miguel: La vida  española del siglo XVII
-  Anuarios del Comercio, la Industria.
- Répide, Pedro: Las calles de Madrid

AGRADECIMIENTOS.-

- A María y a José María Santiago por su amabilidad y el tiempo que les he robado
- A Tomás González





sábado, 14 de marzo de 2015

CARLOS ARNICHES: EL RASTRO, EMBAJADORES Y SUS TABERNAS

CARLOS ARNICHES: EL RASTRO, EMBAJADORES Y SUS TABERNAS

Carlos Arniches
  

        
            “Soy un hombre viejo, de muchos años; pongan ustedes los que quieran, que no me molesto. Yo tengo la culpa por haberlos vivido. Alto, todavía esbelto, hasta cierto punto; correcto y moderado en el vestir, y de no mala facha, pues, según han dicho varios biógrafos, tengo un cierto aire de personaje yanki. No sé si esto será cierto, porque yo no me he sentido nunca ni personaje ni yanki; pero como el trazo no me disgusta, aquí queda. Guapo, no lo soy -no quiero engañar a nadie-, y además, a estas alturas, ¿para qué? Tengo los ojos pequeños..., y cuidado que he visto cosas... ¡Y la nariz grande y de mala calidad; me acatarro mucho! La boca..., no sé cómo la tengo...; desde luego, harta de decir lo que no quiere, y, claro, así, ¡quién la tiene presentable!... Yo soy un poco cargado de espaldas; de espaldas y de otras muchas cosas. ¡Hay en la vida tanta cosa cargante!..."

          Estas líneas forman parte de la autobiografía  de Carlos Arniches (1866-1943), nacido en Alicante pero madrileño de adopción. El pueblo de Madrid ha sido constante protagonista de sus obras en las que se reinventa un idioma popular que no se sabe si lo copia del pueblo o es éste el que hace suyas las expresiones que aparecen en los sainetes de don Carlos.

              En 1931 el Ayuntamiento coloca   una lápida en   el   número 12 de la plaza del   general Vara del Rey (actual número 6) en el  arranque  de la  antigua calle del  Peñón,   ahora  bautizada  con  el nombre del escritor, y en la que    había una    taberna donde   el insigne autor  compartía  algún vinillo  con   la gente del Rastro y que inspiraban  al escritor  para  sus futuros  sainetes. Sin que   se sepa   el motivo, esta  lápida fue trasladada, hacia 1970, al número 31  de la calle que es donde está ahora.

Lápida de Carlos Arniches en la calle que lleva su nombre
                  Calle del Peñón (actual Carlos Arniches) en 1930 (Nuevo Mundo). A la derecha la casa donde se le puso la lápida en 1931


                                  Arniches en la entrada al Corralón , actual Museo de las Artes y                                        Tradiciones Populares ( Nuevo Mundo, 1930)

                  El periodista Juan G. Olmedilla en   una crónica para el  "Mundo Nuevo"   en 1930 nos   cuenta  el aprecio que tenían los vecinos del  Rastro  por don Carlos: 

                  "El dueño de una taberna   clásica  frente a  la  plaza de Antonio Zozaya   (actual general Vara del Rey) (...)   se nos acerca  afectuoso, y con llaneza, en la que entran por igual el cariño y el respecto nos invita:

- Buenas tardes, don Carlos y la compaña. No se vayan ustedes sin  aceptarme un    frasco de tinto... Tengo un Noblejas, señor Arniches,  más alegre que unas Pascuas con una obra de éxito.

- Dios le oiga a usted hijo, contesta  don Carlos, y se sienta  con nosotros  junto a  la  mesa  inclinada sobre el empedrado de su calle en cuesta"

   Arniches (en el centro) en  una taberna de la calle del Peñón 
                           (Nuevo  Mundo, 1930)

                 Amante de las tabernas castizas, solía frecuentar la de Florentina como el mismo cuenta

                      
                 Arniches y la tabernera Florentina (Diario ABC)

             "Otras tardes me voy a casa de Florentina. Es la dueña de una taberna que hay al principio de la calle castiza que lleva mi nombre. Es una mujer guapa trabajadora y  alegre, como  casi todas las madrileñas. Guisa los callos con una suculencia que resucita"

             Son muchas las obras de Arniches  cuya  acción  se desarrolla en los barrios bajos: el Rastro, Lavapies, el Portillo,rondas de Valencia y Toledo, etc.  
             En estos barrios abundan las tabernas y en ellas sitúa Arniches a muchos de sus personajes. Así leemos al principio de "Los ateos"

               “Interior de una taberna establecida en la calle del Peñón, a dos pasos del Campillo del Mundo Nuevo.
            Es de noche. El aire de   la   tasca, enrarecido por el humo de  los  cigarros, amengua la luz  de las débiles bombillas,   dando aspecto siniestro a aquellas gentes famélicas y desarrapadas que  llenan las mesas.
             Se huele a vino, a tabaco, a guisos fuertes.
             Pepe el Malagua, dueño del local, les hace los honores obsequiándoles con unas limpias de Monóvar.
           En el velador  de un rincón  acaban   de comerse unos  livianos y de apurar unos quinces, previamente jugados al mus, Baldomero el Bizco, Nicomedes el Soga, el señor Eulalio y el señor Floro.
             De pronto, un poco confuso, suena a lo lejos, en el silencio de la calle, espaciado y solemne,el repiqueteo de la campanilla del Viático. Le sigue, como ruido complementario, el lento rodar de un coche.
              Se habla a voces de la última cogida de un fenómeno.
              En el interior de la taberna se hace un  breve   silencio. Todos atienden.”

Limpias- Copas de  vino. El origen del nombre posiblemente se deba a la costumbre que había de juntar y volver a servir-con conocimiento del consumidor- los restos de vino de las copas usadas
Livianos- .Pulmón, principalmente el de las reses destinadas al consumo
Quinces- Vaso de vino que costaba 15 céntimos.


                                             Taberna de Manzaneque (Dibujo de Sancha)

          


                   Quizás la taberna a    la   que se   refiere   Arniches  sea  la de Manzaneque que estaba  en la  esquina de Mira  el  Sol con la calle del   Peñón, famosa por ser  punto de reunión  de gente del   hampa    y  todo  tipo de  chorizos. Ya existía  a  finales del XIX y debió desaparecer en torno a 1930

                En "Los Culpables"  Valentín y     Ceferino  discuten sobre la fiesta de los toros y, de forma    muy graciosa,  citan a la   taberna "La Gloria"  cerca   de  la  Puerta  de   Toledo. Cuando se  publicó   este    sainete  (1915)  la calle de Toledo estaba llena   de    tabernas. No hemos    encontrado, en  esa  época, ninguna  llamada “La Gloria”  por   lo que  suponemos  que el escritor se inspiró en cualquiera de las que había, y jugó con el nombre

VALENTÍN. Y náa más. Y un servidor lo que te argumenta con razones inrefutables es que en España la culpa de tóo el atraso en que vevimos las clases neutras la tién los toreros. Así, en rotundo. 
CEFERINO. (En un tono de guasa castizamente madrileña.) ¡Azofaifas! 
VALENTIN. ¿Azofaifas?... Mientras quede en España una coleta , el progreso nacional será un mito. Apúntate esa frase y ponle orla. 
CEFERINO. Amos, no seas cursi, Valentín. 
VALENTÍN. ¿Cómo cursi?... Pero ¿tú no vas a los teatros ni lees Prensa formal? 
CEFERINO. Yo voy donde haiga que ir.. si me convidan, y leo lo que me se presente; pero me juran a mí que del atraso de Cuenca u de Jaén, pongo por cabezas de partido, tien la culpa las dos corridas de toros que se dan al año (y que además no va nadie), y eso no se lo creo yo ni a mi señor padre, que estará en La Gloria. 
SEÑOR LUCAS. (Aterrado.) Pero ¿se ha muerto? 
CEFERINO. Me refiero a esa taberna que hay ahí, orilla el Matadero. No alarmarse. 
VALENTÍN. Servidor lo que te mantiene, digas tú lo que digas, es que la tauromaquia es la plaga que nos corroe.


                Puerta de Toledo. en 1910. A la derecha el Matadero próximo  a la taberna "La Gloria"
               En el sainete “La risa del pueblo” el Señor Bonifacio pregunta qué novedades hay por Lavapiés. El Sardina le comunica la venta de una taberna de la calle Amparo y  la  apertura de  un bar  en la Glorieta de Embajadores.

                                         Taberna de Lavapiés, 1934 (Foto de Santos Yubero)

El Sardina.— Pues que tu compadre el Pintao ya no tié la taberna en la cae del Amparo.
La Angustias.— ¿La traspasó?
El Sardina.— De parte a parte. Por mil doscientas beatas y un juego de alcoba bastante viejo.
Bonifacio.— ¿Y s'ha quedao sin na?
Primitivo.— Ca, hombre. Ahora ha puesto un bar en la Glorieta y lo ha titulao el ”Bar Quito"... que me creo que es un chiste.
La Angustias.—¡Mi madre, qué tontería!
El. Sardina.— Dice que, al mismo tiempo que rótulo, es retrúcano y s'hará popular.
Bonifacio.— ¿Sigue tan chirigotero?
Primitivo. — Uf... es morirse de risa entrar  en  aquel  establecimiento.  Allí van el Berruga, Paco el Chalana, Sixto el Curial, Mariano el Pajero... ¡la jovialidaz de Embajadores !

Beata- Coloquialmente, peseta

Taberna por Embajadores

        En "El santo de la Isidra" Arniches nos presenta un escenario de la cabecera del  Rastro y, cómo no, una castiza taberna. Escribe el maestro:
             “Una plazuela de los barrios bajos. Al foro, dos casas separadas   por  un  callejón  que da a la calle de Toledo, y en cuyo fondo se ve la Plaza de la Cebada. La casa de la izquierda tiene en su planta baja una tienda de ultramarinos  con  puertas  practicables. La puerta de esta casa,   da al callejón. A  la  derecha, otra casa, y  debajo  una  taberna  con  un  rótulo que dice: Vinos y  Licores. La puerta de la taberna que da frente al público y la que da al callejón, practicables.
          En los laterales derecha una casa de   modesta   construcción, y  en el  ángulo  que forma esta casa con la taberna, el chiscón de  un zapatero de viejo. En los laterales izquierda. otra casa, en cuya planta baja hay establecida   una tienda de  sillas,  de  las cuales vense  algunas  colgadas  en  la puerta. La muestra de   la tienda  dice: La  Mecedora, se   PONEN ASIENTOS. SE FORRAN SILLERÍAS. Al balcón de la casa de la derecha, que es practicable, lleno de tiestos con flore

Taberna barriobajera (Esplandiu) y tabernero castizo (Tauler)


                        En el sainete "La pena negra"  el  escritor  sitúa   la  acción  en  las  Rondas. Aunque  en  la siguiente escena nos habla de la ronda de Valencia, las barberías "cara al sol" solían  estar  en    la  ronda de Toledo, por donde las Américas del Rastro
                     “La escena representa un trozo de la  Ronda  de  Valencia. A  la  izquierda, y  en primer término, en un chiscón, construido con tablas  pintadas  y  techumbre de zinc, hay    establecida  una  barbería de quince céntimos y «cara al sol». A los lados de la puerta, sillones para  los  servicios;  en  una mesita  pequeña,   útiles  de  afeitar, como  navajas, bacías, etc.  Sobre  la puerta un letrero mal pintado que diga: Salón de Barbería.  NO SE ADMITEN PROPINAS.  En el  mismo  lado y  colocada de  izquierda  a derecha hasta mitad de la escena, se verá la valla de un solar que continúa en ángulo hasta cerca del foro. Próxima a este ángulo y frente al público, la valla tiene una puerta practicable


Arte: Grabado Barbería al aire libre - 1878 - España - 19 - Foto 1 - 37722181
                                        Barbería al aire libre, hacia 1880

                Entre la barbería y la valla hay espacio     para una calle. A la derecha, en primer término, una taberna de pobre  aspecto  con    puerta  practicable. En  la calle  y   frente    a  la   puerta,  dos   mesas  y alrededor, banquetas. Sobre la puerta un letrero que dice: VINOS. Cerca del foro queda un espacio a manera de plaza,  formado  por las casas de la derecha y la valla  del solar  que  da  frente  a  estos términos, y en este   espacio,    desemboca   una   calle bastante  ancha. El foro lo constituyen casas y solares. Es de día; un día de invierno de sol muy claro.”

Taberna en el Rastro (Dibujo de José Gutierrez Solana)

                Muy cerca del    escenario  anterior, en   una taberna  próxima  a  la Glorieta de Embajadores, se desarrolla la acción en "El amigo Melquiades"
    " El lugar está desierto; anochece. Pasa un farolero encendiendo los faroles; a poco,  a  lo largo de la calle, brillan las lucecitas del alumbrado público. Se escucha el pregón, muy lejano, de un vendedor ambulante, y, mucho más lejana, la musiquita, casi imperceptible de un organillo. En   una taberna próxima, en cuyos cristales resplandece una luz rojiza, se oye un desacordado guitarreo. Un borracho, con su voz incierta y ronca canta dentro :                                     
                                                  Eche usté cuatro botellas
                                                   y aquí me dejo la capa,
                                                  que aluego vendrán por ella.

 (Un coro de voces infantiles canta lejísimo como un eco perdido)

                                                  Ramón del alma mía:
                                                  del alma mía, Ramón;
                                                  si te hubieras casado
                                                  cuando te lo dije yo.
                                                  (...)
               Nieves se sienta en un banco de la Glorieta. La vieja queda en pie a su lado. Dan ocho campanadas en el reloj de una iglesia distante.
                Vuelve el guitarreo en la taberna. Canta una voz de hombre:

                                               Hay que querer a las hembras
                                               con los pensamientos malos,
                                               que al que no lo hiciese así,
                                               ellas le darán el palo”

               Aunque ya apareció en otra entrada de este blog, no me resisto a volver a contar una anécdota, con Arniches de protagonista, ocurrida en una tabernita de la calle de Embajadores y que un cliente le contó al escritor madrileñista Díaz Cañabate


Taberna  "Casa Paco"en la calle Embajadores, 36 (Foto Santos Yubero) 


           "En esta misma mesa conocí a don Carlos [...] estábamos echando un mus ahí, en esa mesa y él estaba sentao en esta misma con otro caballero, muy atento a la partida, y, lo que pasa, que se enredó la cosa y charlamos.Y cuando se marchó, el señor Felipe el tasquero, el anterior dueño, nos dijo que era don Carlos Arniches. Desde entonces no me perdí estreno suyo"

                El crítico de teatro José Luis Marial escribió estos versos con motivo de la muerte de Arniches

                                                          


               Se fue el mejor de los buenos.
               Las mocitas madrileñas
               se ponen crespones negros.
               Un hondo suspiro amargo
               de Tetuán a Cabestreros,
               de Chamberí hasta Rosales,
               de las Ventas a Progreso,
               conmueve a todo Madrid
                                                   llorando a su sainetero.





BIBLIOGRAFÍA.-
Carlos Arniches: "Del Madrid castizo. Sainetes"
Carlos Arniches: Teatro completo
Hemeroteca Nacional
Hemeroteca ABC
Revista Villa de Madrid , nº 49 año 1975




lunes, 19 de enero de 2015

POESÍAS SATÍRICAS, JOCOSAS Y CRÍTICAS DE MADRID

POESÍAS SATÍRICAS. JOCOSAS Y CRÍTICAS

                Ruego al lector de esta entrada  que me disculpe porque, en vez de hablar sólo de tabernas, empiece presentando un libro  mío sobre "Poesías satíricas, jocosas y críticas de Madrid" editado por Ediciones La Librería y  en el que, a través de los siglos, las gentes de Madrid han criticado, se han burlado y zaherido de convecinos , de su ciudad y hasta de ellos mismos. 

"Quevedo contra Góngora; éste contra Quevedo y Lope; Villamediana contra todos y todos contra Alarcón. La chispa madrileña, siempre dispuesta a zaherir, criticar y burlarse hasta de ellos mismos, encuentra entre estos genios del XVII  su expresión más elevada. Lanzan sus envenenadas sátiras contra escritores, políticos,  clero, lugares y monumentos madrileños burlándose asimismo de  sus convecinos con especial atención  para los cornudos.
En el XVIII tenemos también buenos escritores satíricos como  Moratín, Meléndez y  Gregorio de Salas .En el XIX, con las convulsiones políticas y la aparición de muchos periódicos de humor, las sátiras, tanto en prosa como en verso, aumentan  extraordinariamente. Nadie se salva de los puyazos de Manuel del Palacio, Martínez Villergas, Modesto Lafuente, Larra, Bécquer y Mesonero Romanos. Ya en el siglo XX encontramos también muchos  autores satíricos: desde Muñoz-Seca, José Bergamín y  Pérez Creus  a  Sabina pasando por Campmany, Mingote  y Ussía entre otros.
Como observará el lector, muchas de estas poesías  están de rabiosa actualidad. Sus afiladas críticas a la corrupción  y al robo por parte de los políticos; a la relación con Cataluña; a la actuación del Congreso y el Senado y al bipartidismo, parecen escritas  ayer y algunas son de hace casi 400 años."




                Como no podía ser de otra manara, en el libro hay muchas referencias a las tabernas madrileñas. Algunas de ellas son las que vemos a continuación:   
                                          
 Habiendo notado el escritor Gregorio de  Salas la gran concurrencia de gentes que había en las iglesias y tabernas un día de las ánimas, dijo a un amigo suyo:

                                                       En el día de difuntos,
                                                       mucho más que en todo el año,
                                                      veo llenas las iglesias
                                                      y las ermitas de Baco.[1]

             Chueca en “Los Barrios Bajos” introduce este cantable:

                                                         Sirve el vino pa alumbrar.
                                                         Y mejor que el gas y el sol
                                                         alumbrarían Madrid
                                                         “lamparillas “ de Chinchón.
                                                         El que bebe tres copas
                                                         y no da un tropezón,
                                                         al andar por las calles
                                                         pue servir de farol.[2]

               A uno que entraba a beber en una taberna madrileña, porque estaba enamorado de la tabernera., Gregorio de Salas le dedica estos versos:

                                                            Con diferentes intentos,                           
                                                           que a beber viene imagino;
                                                           pues él en sus pensamientos
                                                           por el vaso bebe el vino,
                                                           pero por ella los vientos.[3]

               El poeta y escritor satírico León de Arroyal   exagera un poco, en cuanto al número de tabernas de Madrid,  cuando dice:

                                                         Para todo Madrid sobran
                                                         una o dos bibliotecas,
                                                         y ni la mitad alcanzan
                                                        más de cuatro mil tabernas.[4]

           En el Censo del Estado General de la población de Madrid  “de Godoy” de 1797 hay  480 taberneros, lejos pues de los 4000 de la copla.
Mas exagerados aún son los siguientes versos de Navarro Gonzalvo 

                                                       Treinta mil tabernas
                                                       me han dicho que hay en Madrid,
                                                       y esto a mi me quita el sueñu
                                                      y no me deja dormir…
                                                      -¡Bah, Si las hay, que las haiga!
                                                      -¡Pues no puedo ser feliz!
                                                      -¿Por qué?
                                                      -¡Porque ya soy viejo,
                                                      y voy a morirme sin
                                                      poder visitarlas todas!
                                                     ¿Soy u no soy infeliz?.[5]

               La fama que, bien ganada, tenían los taberneros de aguar el vino es motivo de muchas poesías críticas. Esta de Quevedo se refiere a un vendedor de vino.

                                                       Con nombre de Valdemoro,
                                                       vende, por azumbres, charcos:
                                                       ranas, en vez de mosquitos,
                                                       suelen nadar en los vasos.[6]

               Tirso de Molina, en “El caballero de Gracia” hace referencia al vino aguado que se vendía en Madrid

                                                       Que aquesta Corte encantada
                                                       al vino imitar procura,
                                                       pues ni en ella hay verdad pura
                                                       ni amistad que no esté aguada.[7]

Lope de Vega  también se mete con los taberneros madrileños cuando le comenta a Madrid las nuevas  fuentes que se ponen .

                                                        Aunque para ser eternas
                                                        agua en conductos traéis,
                                                        por más fuentes que labréis,
                                                        más tenéis en las tabernas.
                                                        Porque sin ser muchos los daños
                                                        del medir los taberneros,
                                                        más agua tienen los cueros
                                                       que los bronces de los caños.[8]

               Otro de los grandes poetas del Siglo de Oro, Góngora, nos habla también de los que “cristianizan” el vino.

                                                       Ya el tabernero procura
                                                        impetrar un beneficio,
                                                        pues ejercita el oficio
                                                       de bautizar sin ser cura,
                                                       porque dicen que es locura
                                                       vender el vino cristiano.[9] 

               Hablando de la fuente que abrió San Isidro para Vargas, su amo, que al beberla “llamóla licor divino”, dice Burguillos:

                                                        Y aunque dijera de vino
                                                        que no pecara, advertid
                                                        porque en vinos de Madrid
                                                        lo mismo es agua que vino.[10]

                En 1623 se hace una corrida de toros en honor del Príncipe de Gales. Llovió tanto en el festejo, que en un romance que escribió Quevedo decía.

                                                        Floris, la fiesta pasada,
                                                        tan rica de caballeros,

                                                        si la hicieran taberneros,

                                                        no saliera más aguada.

                                                       Yo vi nacer ensalada

                                                       en un manto en un terrado,

                                                       y berros en un tablado.[11]


               En el recibimiento a la esposa de Felipe II doña Ana de Austria en 1572 se plantó un arco  dedicado a Neptuno por el que salía vino. Juan Gracián  nos narra en estos versos la petición que se le hizo a Neptuno.
                                                       El agua amarga y salada
                                                       en vino volved, Neptuno
                                                       porque no haya triste alguno.
                                                       Respuesta de Neptuno.

                                                       Mi alegría ha sido tanta,
                                                       con esta reina que vino,
                                                      que mis aguas ya son vino.[12]

                Baltasar de Alcázar  cuando viene a Madrid divulga  los versos de “En Jaén donde resido” a los que pertenece esta redondilla.

                                                         Por Nuestro Señor, que es mina 
                                                         la taberna de Alcocer: 
                                                         grande consuelo es tener 
                                                         la taberna por vecina.[13]

               Tanta era el agua que añadían al vino que, como las fregonas cuando echaban el agua sucia a la calle, Quevedo, en esta letrilla jocosa,  dice que:

                                                        Mandádose a pregonar
                                                        que digan, midiendo cueros,
                                                       "Agua va" los taberneros,
                                                       como mozas de fregar;
                                                       que dejen el bautizar
                                                       a los curas de Madrid.[14]

              Francisco de  Rojas  nos cuenta, en esta poesía picaresca,  cómo  convertir el agua en vino sin necesidad de milagros.

                                                        Fue desta suerte: 
                                                        como el cristiano está ardiente, 
                                                        esta bota procuré,
                                                        y azumbre y media le eché 
                                                       de agua en aquella fuente.

                                                       Y a esa taberna primera 
                                                       que está en el mercado fui: 
                                                       cuatro azumbres me eche aquí, 
                                                        la dije a la tabernera;
                                                       y cuando llena tenia 
                                                       la bota, dije afligido: 
                                                       por Dios , que se me ha caído 
                                                       un real de a ocho que traía. 
                                                       Rota está la faldriquera , 
                                                       cayóseme en el camino; 
                                                       — Pues vuélvame usted mi vino, 
                                                      repitió la tabernera, 
                                                      que con eso se remedia. 
                                                      —Daré lo que usted me ha dado, 
                                                      dije, que yo había tomado 
                                                      de otra parte azumbre y media. 

                                                      Ella su vino midió; 
                                                      bien que al medirlo gruñía,
                                                      y el agua que yo traía 
                                                      hecha vino se quedó. (…)


                                                     Si ello es vino de Madrid, 
                                                     Tan agua será como antes.[15]


                Azumbre: Medida de capacidad para líquidos, que equivale a dos litros y 16 cl.

                La bodega de Tomé era una taberna de Lavapiés  que cita Lope de Vega.

                                                       El vino de esta taberna
                                                      se trasiega en La Membrilla.
                                                      Advertid que es maravilla
                                                      la bodega de Tomé,
                                                      pues quien entra en ella a pie
                                                      sale hincando la rodilla
                                                      y dando un beso al tonel.[16]

    A principios del siglo XX se adelanta el horario de cierre de las tabernas. Los noctámbulos clientes de las tascas protestan:

                                                         Se cierran las tabernas
                                                         a las doce de la noche
                                                         no sabe uno que hacer.
                                                         y se cierran los cafés
                                                         Si quiere un ciudadano
                                                         cenar de madrugá.
                                                         que se meta en el Casino
                                                         que con esos no va ná [17]

               “La Cruzada fue una famosa taberna fundada al parecer en 1827 y de la que ya hemos hablado en otra entrada  de este blog.

                                                        Porque en toda la barriada,
                                                        ni en ningún barrio vecino,
                                                        hay tasca tan delicada,
                                                        ni que tenga tan buen vino
                                                        como tiene La Cruzada.[18]

                El periodista F. Cabiedes ve en la puerta de la taberna un rótulo que dice: “Aquí se guisa de comer” y se le ocurren estos versitos.

                                                         Aquí se guisa de comer
                                                         veo en el letrero decir;
                                                         como si pudiera ser
                                                        que guisaran de beber
                                                        de calzar o de vestir.[19]

El también periodista  Pedro Lozano  nos deja estos graciosos versos:

                                                         Llegó a Madrid un gallego
                                                         procedente de la Habana,
                                                         en donde a fuerza de penas,
                                                         quince onzas ahorrara.
                                                         Un buen amigo le dijo:
                                                         -Si quieres, Pedro Carranza,
                                                         a medias los dos pondremos
                                                         una taberna: ¿te agrada?
                                                         -Si tal
                                                         -Pues tu pondrás el vino
                                                         -Y tú ¿Qué pondrías?...
                                                         -El agua.[20]

Agustín Moreto nos narra las peripecias de un borrachín.

                                                         Un hombre se iba azotando
                                                         por la calle iba corriendo
                                                         y en cuanta taberna hallaba
                                                         hacía estación y estaba
                                                         un cuarto de hora bebiendo.
                                                         Díjole uno, mirad que hoy
                                                         beber tanto es desvarío,
                                                         y el respondió: Señor mío
                                                         mientras bebo no me doy.[21]

Juan Francisco de Tejera en su “Mojiganga de las Casas de Madrid” de 1660  nos hace un repaso de los vinos que se bebían en la Corte, o al menos en la famosa taberna de los “Cien Vinos”, que ya existía en 1660 en la calle  del Olivo (actual  calle de Mesonero Romanos). El chispita sale de la casa…

                                                        De los Cien Vinos, que dando
                                                        traspiés de puro Cazalla,
                                                        columpios de San Martín,
                                                        vaivenes de Rivadavia,
                                                        estornudos de Lucena
                                                        y bostezos de Peralta
                                                        hacia acá vengo.[22]

            En el siglo XVIII José Julián de Castro (1723-1762) escribe una  divertida jácara como despedida de Madrid de un majo del Barquillo que, por su mala cabeza, va  a “servir” al rey en los presidios de África. Añorante dice adiós a las tabernas.

                                                          Adiós, ilustres tabernas
                                                          adiós, ricos bodegones,
                                                          donde todo cuesta un ojo,
                                                          y el que no suda no come.[23]







BIBLIOGRAFÍA.-
[1] Salas, Francisco Gregorio de: “Colección de los Epigramas y otras poesías Críticas, Satíricas …”
[2] Espina, Antonio: “Las tertulias de Madrid”
[3] Salas, Francisco Gregorio de: “Poesías”
[4] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[5] Revista “Madrid Cómico” (7/4/1894)
[6] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[7] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[8] Herrero García, Miguel:“Oficios populares en la sociedad de Lope de Vega
[9] Herrero García, Miguel:“Oficios populares en la sociedad de Lope de Vega
[10] Revista “Historia y Vida” nº 247
[11] López Izquierdo, Francisco: “Plazas de toros  de Madrid”
[12] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[13] Mena, José María  de:“Historias notables de Madrid”
[14] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[15] Rojas,  Francisco de:“Lo que quería el marques de Villena”
[16] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[17] Blas Vega, José. “Los cafés cantantes de Madrid”
[18] Montero Vallejo, Manuel :“Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval”
[19] Revista  “Madrid Cómico”
[20] Almanaque Festivo de 1878
[21] “Floresta Cómica”
[22] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[23] Gil, Bonifacio: “La fama en Madrid”