sábado, 14 de marzo de 2015

CARLOS ARNICHES: EL RASTRO, EMBAJADORES Y SUS TABERNAS

CARLOS ARNICHES: EL RASTRO, EMBAJADORES Y SUS TABERNAS

Carlos Arniches
  

        
            “Soy un hombre viejo, de muchos años; pongan ustedes los que quieran, que no me molesto. Yo tengo la culpa por haberlos vivido. Alto, todavía esbelto, hasta cierto punto; correcto y moderado en el vestir, y de no mala facha, pues, según han dicho varios biógrafos, tengo un cierto aire de personaje yanki. No sé si esto será cierto, porque yo no me he sentido nunca ni personaje ni yanki; pero como el trazo no me disgusta, aquí queda. Guapo, no lo soy -no quiero engañar a nadie-, y además, a estas alturas, ¿para qué? Tengo los ojos pequeños..., y cuidado que he visto cosas... ¡Y la nariz grande y de mala calidad; me acatarro mucho! La boca..., no sé cómo la tengo...; desde luego, harta de decir lo que no quiere, y, claro, así, ¡quién la tiene presentable!... Yo soy un poco cargado de espaldas; de espaldas y de otras muchas cosas. ¡Hay en la vida tanta cosa cargante!..."

          Estas líneas forman parte de la autobiografía  de Carlos Arniches (1866-1943), nacido en Alicante pero madrileño de adopción. El pueblo de Madrid ha sido constante protagonista de sus obras en las que se reinventa un idioma popular que no se sabe si lo copia del pueblo o es éste el que hace suyas las expresiones que aparecen en los sainetes de don Carlos.

              En 1931 el Ayuntamiento coloca   una lápida en   el   número 12 de la plaza del   general Vara del Rey (actual número 6) en el  arranque  de la  antigua calle del  Peñón,   ahora  bautizada  con  el nombre del escritor, y en la que    había una    taberna donde   el insigne autor  compartía  algún vinillo  con   la gente del Rastro y que inspiraban  al escritor  para  sus futuros  sainetes. Sin que   se sepa   el motivo, esta  lápida fue trasladada, hacia 1970, al número 31  de la calle que es donde está ahora.

Lápida de Carlos Arniches en la calle que lleva su nombre
                  Calle del Peñón (actual Carlos Arniches) en 1930 (Nuevo Mundo). A la derecha la casa donde se le puso la lápida en 1931


                                  Arniches en la entrada al Corralón , actual Museo de las Artes y                                        Tradiciones Populares ( Nuevo Mundo, 1930)

                  El periodista Juan G. Olmedilla en   una crónica para el  "Mundo Nuevo"   en 1930 nos   cuenta  el aprecio que tenían los vecinos del  Rastro  por don Carlos: 

                  "El dueño de una taberna   clásica  frente a  la  plaza de Antonio Zozaya   (actual general Vara del Rey) (...)   se nos acerca  afectuoso, y con llaneza, en la que entran por igual el cariño y el respecto nos invita:

- Buenas tardes, don Carlos y la compaña. No se vayan ustedes sin  aceptarme un    frasco de tinto... Tengo un Noblejas, señor Arniches,  más alegre que unas Pascuas con una obra de éxito.

- Dios le oiga a usted hijo, contesta  don Carlos, y se sienta  con nosotros  junto a  la  mesa  inclinada sobre el empedrado de su calle en cuesta"

   Arniches (en el centro) en  una taberna de la calle del Peñón 
                           (Nuevo  Mundo, 1930)

                 Amante de las tabernas castizas, solía frecuentar la de Florentina como el mismo cuenta

                      
                 Arniches y la tabernera Florentina (Diario ABC)

             "Otras tardes me voy a casa de Florentina. Es la dueña de una taberna que hay al principio de la calle castiza que lleva mi nombre. Es una mujer guapa trabajadora y  alegre, como  casi todas las madrileñas. Guisa los callos con una suculencia que resucita"

             Son muchas las obras de Arniches  cuya  acción  se desarrolla en los barrios bajos: el Rastro, Lavapies, el Portillo,rondas de Valencia y Toledo, etc.  
             En estos barrios abundan las tabernas y en ellas sitúa Arniches a muchos de sus personajes. Así leemos al principio de "Los ateos"

               “Interior de una taberna establecida en la calle del Peñón, a dos pasos del Campillo del Mundo Nuevo.
            Es de noche. El aire de   la   tasca, enrarecido por el humo de  los  cigarros, amengua la luz  de las débiles bombillas,   dando aspecto siniestro a aquellas gentes famélicas y desarrapadas que  llenan las mesas.
             Se huele a vino, a tabaco, a guisos fuertes.
             Pepe el Malagua, dueño del local, les hace los honores obsequiándoles con unas limpias de Monóvar.
           En el velador  de un rincón  acaban   de comerse unos  livianos y de apurar unos quinces, previamente jugados al mus, Baldomero el Bizco, Nicomedes el Soga, el señor Eulalio y el señor Floro.
             De pronto, un poco confuso, suena a lo lejos, en el silencio de la calle, espaciado y solemne,el repiqueteo de la campanilla del Viático. Le sigue, como ruido complementario, el lento rodar de un coche.
              Se habla a voces de la última cogida de un fenómeno.
              En el interior de la taberna se hace un  breve   silencio. Todos atienden.”

Limpias- Copas de  vino. El origen del nombre posiblemente se deba a la costumbre que había de juntar y volver a servir-con conocimiento del consumidor- los restos de vino de las copas usadas
Livianos- .Pulmón, principalmente el de las reses destinadas al consumo
Quinces- Vaso de vino que costaba 15 céntimos.


                                             Taberna de Manzaneque (Dibujo de Sancha)

          


                   Quizás la taberna a    la   que se   refiere   Arniches  sea  la de Manzaneque que estaba  en la  esquina de Mira  el  Sol con la calle del   Peñón, famosa por ser  punto de reunión  de gente del   hampa    y  todo  tipo de  chorizos. Ya existía  a  finales del XIX y debió desaparecer en torno a 1930

                En "Los Culpables"  Valentín y     Ceferino  discuten sobre la fiesta de los toros y, de forma    muy graciosa,  citan a la   taberna "La Gloria"  cerca   de  la  Puerta  de   Toledo. Cuando se  publicó   este    sainete  (1915)  la calle de Toledo estaba llena   de    tabernas. No hemos    encontrado, en  esa  época, ninguna  llamada “La Gloria”  por   lo que  suponemos  que el escritor se inspiró en cualquiera de las que había, y jugó con el nombre

VALENTÍN. Y náa más. Y un servidor lo que te argumenta con razones inrefutables es que en España la culpa de tóo el atraso en que vevimos las clases neutras la tién los toreros. Así, en rotundo. 
CEFERINO. (En un tono de guasa castizamente madrileña.) ¡Azofaifas! 
VALENTIN. ¿Azofaifas?... Mientras quede en España una coleta , el progreso nacional será un mito. Apúntate esa frase y ponle orla. 
CEFERINO. Amos, no seas cursi, Valentín. 
VALENTÍN. ¿Cómo cursi?... Pero ¿tú no vas a los teatros ni lees Prensa formal? 
CEFERINO. Yo voy donde haiga que ir.. si me convidan, y leo lo que me se presente; pero me juran a mí que del atraso de Cuenca u de Jaén, pongo por cabezas de partido, tien la culpa las dos corridas de toros que se dan al año (y que además no va nadie), y eso no se lo creo yo ni a mi señor padre, que estará en La Gloria. 
SEÑOR LUCAS. (Aterrado.) Pero ¿se ha muerto? 
CEFERINO. Me refiero a esa taberna que hay ahí, orilla el Matadero. No alarmarse. 
VALENTÍN. Servidor lo que te mantiene, digas tú lo que digas, es que la tauromaquia es la plaga que nos corroe.


                Puerta de Toledo. en 1910. A la derecha el Matadero próximo  a la taberna "La Gloria"
               En el sainete “La risa del pueblo” el Señor Bonifacio pregunta qué novedades hay por Lavapiés. El Sardina le comunica la venta de una taberna de la calle Amparo y  la  apertura de  un bar  en la Glorieta de Embajadores.

                                         Taberna de Lavapiés, 1934 (Foto de Santos Yubero)

El Sardina.— Pues que tu compadre el Pintao ya no tié la taberna en la cae del Amparo.
La Angustias.— ¿La traspasó?
El Sardina.— De parte a parte. Por mil doscientas beatas y un juego de alcoba bastante viejo.
Bonifacio.— ¿Y s'ha quedao sin na?
Primitivo.— Ca, hombre. Ahora ha puesto un bar en la Glorieta y lo ha titulao el ”Bar Quito"... que me creo que es un chiste.
La Angustias.—¡Mi madre, qué tontería!
El. Sardina.— Dice que, al mismo tiempo que rótulo, es retrúcano y s'hará popular.
Bonifacio.— ¿Sigue tan chirigotero?
Primitivo. — Uf... es morirse de risa entrar  en  aquel  establecimiento.  Allí van el Berruga, Paco el Chalana, Sixto el Curial, Mariano el Pajero... ¡la jovialidaz de Embajadores !

Beata- Coloquialmente, peseta

Taberna por Embajadores

        En "El santo de la Isidra" Arniches nos presenta un escenario de la cabecera del  Rastro y, cómo no, una castiza taberna. Escribe el maestro:
             “Una plazuela de los barrios bajos. Al foro, dos casas separadas   por  un  callejón  que da a la calle de Toledo, y en cuyo fondo se ve la Plaza de la Cebada. La casa de la izquierda tiene en su planta baja una tienda de ultramarinos  con  puertas  practicables. La puerta de esta casa,   da al callejón. A  la  derecha, otra casa, y  debajo  una  taberna  con  un  rótulo que dice: Vinos y  Licores. La puerta de la taberna que da frente al público y la que da al callejón, practicables.
          En los laterales derecha una casa de   modesta   construcción, y  en el  ángulo  que forma esta casa con la taberna, el chiscón de  un zapatero de viejo. En los laterales izquierda. otra casa, en cuya planta baja hay establecida   una tienda de  sillas,  de  las cuales vense  algunas  colgadas  en  la puerta. La muestra de   la tienda  dice: La  Mecedora, se   PONEN ASIENTOS. SE FORRAN SILLERÍAS. Al balcón de la casa de la derecha, que es practicable, lleno de tiestos con flore

Taberna barriobajera (Esplandiu) y tabernero castizo (Tauler)


                        En el sainete "La pena negra"  el  escritor  sitúa   la  acción  en  las  Rondas. Aunque  en  la siguiente escena nos habla de la ronda de Valencia, las barberías "cara al sol" solían  estar  en    la  ronda de Toledo, por donde las Américas del Rastro
                     “La escena representa un trozo de la  Ronda  de  Valencia. A  la  izquierda, y  en primer término, en un chiscón, construido con tablas  pintadas  y  techumbre de zinc, hay    establecida  una  barbería de quince céntimos y «cara al sol». A los lados de la puerta, sillones para  los  servicios;  en  una mesita  pequeña,   útiles  de  afeitar, como  navajas, bacías, etc.  Sobre  la puerta un letrero mal pintado que diga: Salón de Barbería.  NO SE ADMITEN PROPINAS.  En el  mismo  lado y  colocada de  izquierda  a derecha hasta mitad de la escena, se verá la valla de un solar que continúa en ángulo hasta cerca del foro. Próxima a este ángulo y frente al público, la valla tiene una puerta practicable


Arte: Grabado Barbería al aire libre - 1878 - España - 19 - Foto 1 - 37722181
                                        Barbería al aire libre, hacia 1880

                Entre la barbería y la valla hay espacio     para una calle. A la derecha, en primer término, una taberna de pobre  aspecto  con    puerta  practicable. En  la calle  y   frente    a  la   puerta,  dos   mesas  y alrededor, banquetas. Sobre la puerta un letrero que dice: VINOS. Cerca del foro queda un espacio a manera de plaza,  formado  por las casas de la derecha y la valla  del solar  que  da  frente  a  estos términos, y en este   espacio,    desemboca   una   calle bastante  ancha. El foro lo constituyen casas y solares. Es de día; un día de invierno de sol muy claro.”

Taberna en el Rastro (Dibujo de José Gutierrez Solana)

                Muy cerca del    escenario  anterior, en   una taberna  próxima  a  la Glorieta de Embajadores, se desarrolla la acción en "El amigo Melquiades"
    " El lugar está desierto; anochece. Pasa un farolero encendiendo los faroles; a poco,  a  lo largo de la calle, brillan las lucecitas del alumbrado público. Se escucha el pregón, muy lejano, de un vendedor ambulante, y, mucho más lejana, la musiquita, casi imperceptible de un organillo. En   una taberna próxima, en cuyos cristales resplandece una luz rojiza, se oye un desacordado guitarreo. Un borracho, con su voz incierta y ronca canta dentro :                                     
                                                  Eche usté cuatro botellas
                                                   y aquí me dejo la capa,
                                                  que aluego vendrán por ella.

 (Un coro de voces infantiles canta lejísimo como un eco perdido)

                                                  Ramón del alma mía:
                                                  del alma mía, Ramón;
                                                  si te hubieras casado
                                                  cuando te lo dije yo.
                                                  (...)
               Nieves se sienta en un banco de la Glorieta. La vieja queda en pie a su lado. Dan ocho campanadas en el reloj de una iglesia distante.
                Vuelve el guitarreo en la taberna. Canta una voz de hombre:

                                               Hay que querer a las hembras
                                               con los pensamientos malos,
                                               que al que no lo hiciese así,
                                               ellas le darán el palo”

               Aunque ya apareció en otra entrada de este blog, no me resisto a volver a contar una anécdota, con Arniches de protagonista, ocurrida en una tabernita de la calle de Embajadores y que un cliente le contó al escritor madrileñista Díaz Cañabate


Taberna  "Casa Paco"en la calle Embajadores, 36 (Foto Santos Yubero) 


           "En esta misma mesa conocí a don Carlos [...] estábamos echando un mus ahí, en esa mesa y él estaba sentao en esta misma con otro caballero, muy atento a la partida, y, lo que pasa, que se enredó la cosa y charlamos.Y cuando se marchó, el señor Felipe el tasquero, el anterior dueño, nos dijo que era don Carlos Arniches. Desde entonces no me perdí estreno suyo"

                El crítico de teatro José Luis Marial escribió estos versos con motivo de la muerte de Arniches

                                                          


               Se fue el mejor de los buenos.
               Las mocitas madrileñas
               se ponen crespones negros.
               Un hondo suspiro amargo
               de Tetuán a Cabestreros,
               de Chamberí hasta Rosales,
               de las Ventas a Progreso,
               conmueve a todo Madrid
                                                   llorando a su sainetero.





BIBLIOGRAFÍA.-
Carlos Arniches: "Del Madrid castizo. Sainetes"
Carlos Arniches: Teatro completo
Hemeroteca Nacional
Hemeroteca ABC
Revista Villa de Madrid , nº 49 año 1975




lunes, 19 de enero de 2015

POESÍAS SATÍRICAS, JOCOSAS Y CRÍTICAS DE MADRID

POESÍAS SATÍRICAS. JOCOSAS Y CRÍTICAS

                Ruego al lector de esta entrada  que me disculpe porque, en vez de hablar sólo de tabernas, empiece presentando un libro  mío sobre "Poesías satíricas, jocosas y críticas de Madrid" editado por Ediciones La Librería y  en el que, a través de los siglos, las gentes de Madrid han criticado, se han burlado y zaherido de convecinos , de su ciudad y hasta de ellos mismos. 

"Quevedo contra Góngora; éste contra Quevedo y Lope; Villamediana contra todos y todos contra Alarcón. La chispa madrileña, siempre dispuesta a zaherir, criticar y burlarse hasta de ellos mismos, encuentra entre estos genios del XVII  su expresión más elevada. Lanzan sus envenenadas sátiras contra escritores, políticos,  clero, lugares y monumentos madrileños burlándose asimismo de  sus convecinos con especial atención  para los cornudos.
En el XVIII tenemos también buenos escritores satíricos como  Moratín, Meléndez y  Gregorio de Salas .En el XIX, con las convulsiones políticas y la aparición de muchos periódicos de humor, las sátiras, tanto en prosa como en verso, aumentan  extraordinariamente. Nadie se salva de los puyazos de Manuel del Palacio, Martínez Villergas, Modesto Lafuente, Larra, Bécquer y Mesonero Romanos. Ya en el siglo XX encontramos también muchos  autores satíricos: desde Muñoz-Seca, José Bergamín y  Pérez Creus  a  Sabina pasando por Campmany, Mingote  y Ussía entre otros.
Como observará el lector, muchas de estas poesías  están de rabiosa actualidad. Sus afiladas críticas a la corrupción  y al robo por parte de los políticos; a la relación con Cataluña; a la actuación del Congreso y el Senado y al bipartidismo, parecen escritas  ayer y algunas son de hace casi 400 años."




                Como no podía ser de otra manara, en el libro hay muchas referencias a las tabernas madrileñas. Algunas de ellas son las que vemos a continuación:   
                                          
 Habiendo notado el escritor Gregorio de  Salas la gran concurrencia de gentes que había en las iglesias y tabernas un día de las ánimas, dijo a un amigo suyo:

                                                       En el día de difuntos,
                                                       mucho más que en todo el año,
                                                      veo llenas las iglesias
                                                      y las ermitas de Baco.[1]

             Chueca en “Los Barrios Bajos” introduce este cantable:

                                                         Sirve el vino pa alumbrar.
                                                         Y mejor que el gas y el sol
                                                         alumbrarían Madrid
                                                         “lamparillas “ de Chinchón.
                                                         El que bebe tres copas
                                                         y no da un tropezón,
                                                         al andar por las calles
                                                         pue servir de farol.[2]

               A uno que entraba a beber en una taberna madrileña, porque estaba enamorado de la tabernera., Gregorio de Salas le dedica estos versos:

                                                            Con diferentes intentos,                           
                                                           que a beber viene imagino;
                                                           pues él en sus pensamientos
                                                           por el vaso bebe el vino,
                                                           pero por ella los vientos.[3]

               El poeta y escritor satírico León de Arroyal   exagera un poco, en cuanto al número de tabernas de Madrid,  cuando dice:

                                                         Para todo Madrid sobran
                                                         una o dos bibliotecas,
                                                         y ni la mitad alcanzan
                                                        más de cuatro mil tabernas.[4]

           En el Censo del Estado General de la población de Madrid  “de Godoy” de 1797 hay  480 taberneros, lejos pues de los 4000 de la copla.
Mas exagerados aún son los siguientes versos de Navarro Gonzalvo 

                                                       Treinta mil tabernas
                                                       me han dicho que hay en Madrid,
                                                       y esto a mi me quita el sueñu
                                                      y no me deja dormir…
                                                      -¡Bah, Si las hay, que las haiga!
                                                      -¡Pues no puedo ser feliz!
                                                      -¿Por qué?
                                                      -¡Porque ya soy viejo,
                                                      y voy a morirme sin
                                                      poder visitarlas todas!
                                                     ¿Soy u no soy infeliz?.[5]

               La fama que, bien ganada, tenían los taberneros de aguar el vino es motivo de muchas poesías críticas. Esta de Quevedo se refiere a un vendedor de vino.

                                                       Con nombre de Valdemoro,
                                                       vende, por azumbres, charcos:
                                                       ranas, en vez de mosquitos,
                                                       suelen nadar en los vasos.[6]

               Tirso de Molina, en “El caballero de Gracia” hace referencia al vino aguado que se vendía en Madrid

                                                       Que aquesta Corte encantada
                                                       al vino imitar procura,
                                                       pues ni en ella hay verdad pura
                                                       ni amistad que no esté aguada.[7]

Lope de Vega  también se mete con los taberneros madrileños cuando le comenta a Madrid las nuevas  fuentes que se ponen .

                                                        Aunque para ser eternas
                                                        agua en conductos traéis,
                                                        por más fuentes que labréis,
                                                        más tenéis en las tabernas.
                                                        Porque sin ser muchos los daños
                                                        del medir los taberneros,
                                                        más agua tienen los cueros
                                                       que los bronces de los caños.[8]

               Otro de los grandes poetas del Siglo de Oro, Góngora, nos habla también de los que “cristianizan” el vino.

                                                       Ya el tabernero procura
                                                        impetrar un beneficio,
                                                        pues ejercita el oficio
                                                       de bautizar sin ser cura,
                                                       porque dicen que es locura
                                                       vender el vino cristiano.[9] 

               Hablando de la fuente que abrió San Isidro para Vargas, su amo, que al beberla “llamóla licor divino”, dice Burguillos:

                                                        Y aunque dijera de vino
                                                        que no pecara, advertid
                                                        porque en vinos de Madrid
                                                        lo mismo es agua que vino.[10]

                En 1623 se hace una corrida de toros en honor del Príncipe de Gales. Llovió tanto en el festejo, que en un romance que escribió Quevedo decía.

                                                        Floris, la fiesta pasada,
                                                        tan rica de caballeros,

                                                        si la hicieran taberneros,

                                                        no saliera más aguada.

                                                       Yo vi nacer ensalada

                                                       en un manto en un terrado,

                                                       y berros en un tablado.[11]


               En el recibimiento a la esposa de Felipe II doña Ana de Austria en 1572 se plantó un arco  dedicado a Neptuno por el que salía vino. Juan Gracián  nos narra en estos versos la petición que se le hizo a Neptuno.
                                                       El agua amarga y salada
                                                       en vino volved, Neptuno
                                                       porque no haya triste alguno.
                                                       Respuesta de Neptuno.

                                                       Mi alegría ha sido tanta,
                                                       con esta reina que vino,
                                                      que mis aguas ya son vino.[12]

                Baltasar de Alcázar  cuando viene a Madrid divulga  los versos de “En Jaén donde resido” a los que pertenece esta redondilla.

                                                         Por Nuestro Señor, que es mina 
                                                         la taberna de Alcocer: 
                                                         grande consuelo es tener 
                                                         la taberna por vecina.[13]

               Tanta era el agua que añadían al vino que, como las fregonas cuando echaban el agua sucia a la calle, Quevedo, en esta letrilla jocosa,  dice que:

                                                        Mandádose a pregonar
                                                        que digan, midiendo cueros,
                                                       "Agua va" los taberneros,
                                                       como mozas de fregar;
                                                       que dejen el bautizar
                                                       a los curas de Madrid.[14]

              Francisco de  Rojas  nos cuenta, en esta poesía picaresca,  cómo  convertir el agua en vino sin necesidad de milagros.

                                                        Fue desta suerte: 
                                                        como el cristiano está ardiente, 
                                                        esta bota procuré,
                                                        y azumbre y media le eché 
                                                       de agua en aquella fuente.

                                                       Y a esa taberna primera 
                                                       que está en el mercado fui: 
                                                       cuatro azumbres me eche aquí, 
                                                        la dije a la tabernera;
                                                       y cuando llena tenia 
                                                       la bota, dije afligido: 
                                                       por Dios , que se me ha caído 
                                                       un real de a ocho que traía. 
                                                       Rota está la faldriquera , 
                                                       cayóseme en el camino; 
                                                       — Pues vuélvame usted mi vino, 
                                                      repitió la tabernera, 
                                                      que con eso se remedia. 
                                                      —Daré lo que usted me ha dado, 
                                                      dije, que yo había tomado 
                                                      de otra parte azumbre y media. 

                                                      Ella su vino midió; 
                                                      bien que al medirlo gruñía,
                                                      y el agua que yo traía 
                                                      hecha vino se quedó. (…)


                                                     Si ello es vino de Madrid, 
                                                     Tan agua será como antes.[15]


                Azumbre: Medida de capacidad para líquidos, que equivale a dos litros y 16 cl.

                La bodega de Tomé era una taberna de Lavapiés  que cita Lope de Vega.

                                                       El vino de esta taberna
                                                      se trasiega en La Membrilla.
                                                      Advertid que es maravilla
                                                      la bodega de Tomé,
                                                      pues quien entra en ella a pie
                                                      sale hincando la rodilla
                                                      y dando un beso al tonel.[16]

    A principios del siglo XX se adelanta el horario de cierre de las tabernas. Los noctámbulos clientes de las tascas protestan:

                                                         Se cierran las tabernas
                                                         a las doce de la noche
                                                         no sabe uno que hacer.
                                                         y se cierran los cafés
                                                         Si quiere un ciudadano
                                                         cenar de madrugá.
                                                         que se meta en el Casino
                                                         que con esos no va ná [17]

               “La Cruzada fue una famosa taberna fundada al parecer en 1827 y de la que ya hemos hablado en otra entrada  de este blog.

                                                        Porque en toda la barriada,
                                                        ni en ningún barrio vecino,
                                                        hay tasca tan delicada,
                                                        ni que tenga tan buen vino
                                                        como tiene La Cruzada.[18]

                El periodista F. Cabiedes ve en la puerta de la taberna un rótulo que dice: “Aquí se guisa de comer” y se le ocurren estos versitos.

                                                         Aquí se guisa de comer
                                                         veo en el letrero decir;
                                                         como si pudiera ser
                                                        que guisaran de beber
                                                        de calzar o de vestir.[19]

El también periodista  Pedro Lozano  nos deja estos graciosos versos:

                                                         Llegó a Madrid un gallego
                                                         procedente de la Habana,
                                                         en donde a fuerza de penas,
                                                         quince onzas ahorrara.
                                                         Un buen amigo le dijo:
                                                         -Si quieres, Pedro Carranza,
                                                         a medias los dos pondremos
                                                         una taberna: ¿te agrada?
                                                         -Si tal
                                                         -Pues tu pondrás el vino
                                                         -Y tú ¿Qué pondrías?...
                                                         -El agua.[20]

Agustín Moreto nos narra las peripecias de un borrachín.

                                                         Un hombre se iba azotando
                                                         por la calle iba corriendo
                                                         y en cuanta taberna hallaba
                                                         hacía estación y estaba
                                                         un cuarto de hora bebiendo.
                                                         Díjole uno, mirad que hoy
                                                         beber tanto es desvarío,
                                                         y el respondió: Señor mío
                                                         mientras bebo no me doy.[21]

Juan Francisco de Tejera en su “Mojiganga de las Casas de Madrid” de 1660  nos hace un repaso de los vinos que se bebían en la Corte, o al menos en la famosa taberna de los “Cien Vinos”, que ya existía en 1660 en la calle  del Olivo (actual  calle de Mesonero Romanos). El chispita sale de la casa…

                                                        De los Cien Vinos, que dando
                                                        traspiés de puro Cazalla,
                                                        columpios de San Martín,
                                                        vaivenes de Rivadavia,
                                                        estornudos de Lucena
                                                        y bostezos de Peralta
                                                        hacia acá vengo.[22]

            En el siglo XVIII José Julián de Castro (1723-1762) escribe una  divertida jácara como despedida de Madrid de un majo del Barquillo que, por su mala cabeza, va  a “servir” al rey en los presidios de África. Añorante dice adiós a las tabernas.

                                                          Adiós, ilustres tabernas
                                                          adiós, ricos bodegones,
                                                          donde todo cuesta un ojo,
                                                          y el que no suda no come.[23]







BIBLIOGRAFÍA.-
[1] Salas, Francisco Gregorio de: “Colección de los Epigramas y otras poesías Críticas, Satíricas …”
[2] Espina, Antonio: “Las tertulias de Madrid”
[3] Salas, Francisco Gregorio de: “Poesías”
[4] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[5] Revista “Madrid Cómico” (7/4/1894)
[6] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[7] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[8] Herrero García, Miguel:“Oficios populares en la sociedad de Lope de Vega
[9] Herrero García, Miguel:“Oficios populares en la sociedad de Lope de Vega
[10] Revista “Historia y Vida” nº 247
[11] López Izquierdo, Francisco: “Plazas de toros  de Madrid”
[12] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[13] Mena, José María  de:“Historias notables de Madrid”
[14] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[15] Rojas,  Francisco de:“Lo que quería el marques de Villena”
[16] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[17] Blas Vega, José. “Los cafés cantantes de Madrid”
[18] Montero Vallejo, Manuel :“Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval”
[19] Revista  “Madrid Cómico”
[20] Almanaque Festivo de 1878
[21] “Floresta Cómica”
[22] Rey Hazas, Antonio:“El vino y su mundo”
[23] Gil, Bonifacio: “La fama en Madrid”