martes, 1 de septiembre de 2015

LA POSADA DE SAN PEDRO Y EL MESÓN DEL SEGOVIANO


LA POSADA DE SAN PEDRO Y EL MESÓN DEL SEGOVIANO.

El siguiente reportaje ha sido realizado por Antonio Pasies Monfort, de tabernasantiguasmadrid.blogspot.com.es y por María Rosario Giménez de antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es Aparece publicado simultáneamente en ambos blogs.


          La Cava Baja fue desde el S- XVII una de las calles más animadas, trajineras y bullangueras de Madrid. Hasta hace poco se podían encontrar en ella muchos comercios artesanales cuya antigüedad se remontaba, en muchos casos, al S-.XVIII.

          Esparterías, cordelerías, toneleros, albarderos, fábrica de cedazos y tiendas de garrotes y cencerros compartían espacio con la numerosas posadas, mesones, bodegones, figones y tabernas que llenaban la calle.

Foto 1...  Urbancidades. wordpress.com (1934). Cava Baja




          A finales del S- XIX Hilario Peñasco y Carlos Cambronero apuntaban que:

“Dan vida y animación a la calle las galeras, correos y carricoches de esta provincia, el sinnúmero de caballerías que constantemente entran y salen de las posadas, ya portando géneros de comercio, ya sirviendo de medios de locomoción al labrador que en sosegado macho hace su entrada en la corte, llevando en la grupa a la esposa o a la hermana.”

          Unos años más tarde, ya en el S- XX, Pedro de Répide nos describe las tabernas y el ambiente de esta calle tan vital y bulliciosa.

“Las tabernas, más a la manera de las legendarias, permanecen en esta Cava con sus cortinillas rojas, sus azulejos con grecas y floripondios azules, o a veces con alegorías de vituallas, y los escaparates en que se ostentan las cazuelas de callos hechos una masa espesa y visible, y los platos con tajadas de abadejo o truchuela”.

          A mediados del siglo pasado Antonio Velasco Zazo ve como “Van y vienen los trajinantes llevando de los cabestros las acémilas y jumentos cargados de cestas y talegos. Pone la recua una nota pintoresca en las calles angostas y legendarias que conducen a la Cava.
Invaden estas calles los aldeanos cargados con alforjas y sacos, los carromatos atestados de fardos”
           
            Muchas eran las posadas sitas en torno al actual número 35 (hoy Casa Lucio) y anterior nº 41 de la Cava Baja, desde finales del siglo XVII: La de Mariana, la de Salcedo, la de San Luis y la de San Pedro. Allá se instaló un bodeguero llamado Juan Bardasco en 1879, que dos años después traspasaría su local a Domingo Parrondo, quien serviría vinos y comidas. En el año 1902 apareció en  esta Cava un nuevo propietario llamado Santiago González Gómez que, con toda probabilidad, anexionaría a su negocio la pequeña taberna de Pilar Gómez, también allí ubicada.

          Santiago González, más conocido como El Segoviano, había venido a Madrid desde su natal Castillejo de Mesleón (Segovia), tras pasar por las profesiones de pastor y panadero. Al llegar a la ciudad trabajó en varios oficios hasta que arrendó una taberna de la Cava Baja, en la esquina con Puerta Cerrada (hoy bar La Terraza) y posteriormente, al quedar libre la cocina del antes citado número 35 (antes nº 41) de esta calle, Santiago se haría con el local por 100 pesetas. En el año 1907 cogió en traspaso, por 500 pesetas, la posada de San Pedro. Además de estos negocios, El Segoviano fue también propietario de una tienda de ultramarinos, otra de compra-venta, varios locales y algunos pisos a lo largo de la Cava Baja.

Foto 2.. Nuevo Mundo(1932). Santiago González frente al escaparate de "La reina de los lacones"

          Un contemporáneo, Antonio Velasco Zazo, nos describe así al mesonero:

“El Segoviano resulta un hombre popular, simpático, regordete, bajito, corto de brazos, la cabeza monda, el color encendido, los ojos pequeños y avispados, la sonrisa franca, rasurado, calmoso y comedido en el hablar, diligente en el servicio y  pródigo en el agasajo (…) en mangas de camisa, luciendo el típico delantal de peto verde con rayas negras”.


LA POSADA DE SAN PEDRO Y EL MESÓN DEL SEGOVIANO.

          El actual número 30 de la Cava Baja albergó, desde los años cuarenta del siglo XVIII, una de las hospederías más conocidas de Madrid: la Posada de San Pedro, que con el tiempo pasaría a llamarse Mesón del Segoviano.

          Ya en el siglo XVII tenemos registradas no menos de 30 posadas en la Cava Baja por lo que es muy posible que esta Posada de San Pedro anteriormente tuviera otro nombre, ya que las primeras referencias a este lugar encontradas en la prensa datan de año 1815.

Foto... 3 Diariomadrid.net (1955). Puerta de acceso a la que fue  posada de la Cava Baja, nº 30

         La de San Pedro tenía su acceso principal por el entonces número 28 de la Cava Baja (hoy equivalente al nº 30) y un paso de carruajes con entrada por la trasera calle del Almendro, número 15.

             Se trataba de una casa de corredor a la que se accedía, mediante un gran portón de dos hojas, a un zaguán de paredes encaladas y suelo empedrado que a su vez desembocaba en un gran patio central rodeado por balcones de madera. A la derecha del patio había un amplio comedor, cuyos techos y paredes estaban pintados al fresco, que tenía una viga central con una única lámpara de cuatro brazos, realizada por completo en madera maciza y con un peso de cuatro arrobas.
Foto 4...asilsazcano.blogspot.com (segunda mitad del S-XX). El aposento del mozo en el patio de la posada

          La posada daba alojamiento a cuarenta y dos inquilinos; arrieros, botijeros extremeños y comerciantes que traían, e incluso vendían allí, sus mercancías a Madrid desde todos los puntos del país. El precio de las camas podía llegar a dos pesetas en los primeros años del siglo XX, importe que no estaba al alcance de los viajeros menos favorecidos, conocidos como saqueros, quienes por un real accedían a un saco de paja depositado en el suelo y dormían junto al lugar donde se guardaban los animales.

               Muchos fueron los propietarios de la Posada de San Pedro a lo largo del tiempo. Sabemos que  en los años 50 y 60 del siglo XIX  el dueño de la posada era Cayetano Feito; pasó después a la familia Ríos y desde 1894 hasta que la arrendó Santiago González, el posadero era Laureano González
Foto 5...Urbancidades.wordpress.com (1920). Santiago González "El Segoviano" con familiares y trabajadores de la posada
            En el año 1908 Santiago “El Segoviano” ya era el propietario de la Posada de San Pedro situada en la Cava Baja, número 28.

         De la Cava Baja salían de antiguo los carromatos y tartanas llamados “ordinario” con dirección a diversos municipios de las provincias de Madrid y Toledo, que más tarde fueron reemplazados por renqueantes automóviles de pasajeros. Cada “ordinario” llevaba adosado el nombre del municipio al que realizaba los viajes y en él se transportaban personas y mercancías. El trasiego de viajeros propició un importante negocio para las posadas establecidas en las Cavas Baja y Alta hasta la década de los años sesenta del siglo XX, momento en que este servicio dejó de funcionar en dicho emplazamiento.
Foto 6…Viejo-madrid.es (1929). Viajeros en la Cava Baja.


            La fama de la Posada de San Pedro se extendería por todo Madrid, sobre todo, a partir del día 8 de junio de 1921 con el homenaje al escritor y periodista Francisco Grandmontagne Otaegui, del que toda la prensa dio noticia. La famosa artista Raquel Meller, los escritores Ramón Pérez de Ayala, Ramón Gómez de la Serna, José Augusto Trinidad Martínez Ruiz “Azorín”, el poeta Antonio Machado, la periodista Encarnación Mateos, entre otros muchos, organizaron este sonado banquete homenaje de cuyo recuerdo quedaría una placa conmemorativa en el comedor de la Posada de San Pedro, que pasaría a llamarse desde entonces  Mesón del Segoviano.
Foto 7... Urbancidades.wordpress.com (1953). Portal de la Posada de San Pedro, ya renombrada como Mesón del Segoviano, en el nº 30 de la Cava Baja

           A partir de ese momento el Mesón del Segoviano fue otro de los lugares preferidos por escritores, pintores, actores, dibujantes, periodistas y asociaciones de diversa condición para agasajar a los famosos de la época. La fama del lugar convertiría la posada en una magnífica hospedería con gran cantidad de dormitorios ventilados, agua abundante y buenos lechos.
Foto 8...B.N.E. (1935). Santiago "El Segoviano" sirve vino durante una celebración 

            El ya conocido como Mesón del Segoviano continuaba sirviendo las viandas en los utensilios de toda la vida. Las judías con chorizo, el cocido, las pepitorias y sopas de ajo, los asados de cordero y los flanes eran presentados a los clientes en platos cuencos y cazuelas de culo redondo, acompañadas de cubiertos de palo y vasos de cuerno también en los célebres banquetes, a los que asistía puntualmente el pintor Arturo Ortiz-Alguacil.
Foto 9...Todocoleccion.net. Anuncio promocional del Mesón del Segoviano con una de las pinturas de Arturo Ortiz-Alguacil

            Arturo Ortiz-Alguacil era un pintor arbitrario y absurdo, y sin embargo de un raro interés turbador. Según contaba, a quien deseara escuchar, había viajado por todo el mundo, fue discípulo de Antonio Muñoz Degrain y llegó a estar pensionado en Roma. Pero todo debió torcerse en algún momento de su vida cuando hubo de aceptar la hospitalidad de Santiago “El Segoviano”, a cambio de su pintura, para poder sobrevivir.

          Ortiz-Alguacil vivía gratis en el mesón desde 1921 y fue el pintor de sus paredes y techos con escenas de un realismo bárbaro donde se podían reconocer los rostros de los parroquianos, sus trajes y ademanes. En sus frescos dominaban los colores ocres, rojos y negros. “La Navidad en Segovia”, “La lujuria y la miseria”, “Un admirador inesperado” que reflejaba al asustado artista subido a un árbol mientras un toro contempla su cuadro, hecho real acaecido en Sevilla, fueron algunas de las obras con que este bohemio adornó posada y demás locales propiedad de El Segoviano.

          Una noche de marzo del año 1929, tras la celebración de uno de los  banquetes de escritores y artistas, el pintor se sintió indispuesto y allí mismo falleció rodeado de sus amigos. Dejó inconclusa su obra titulada “La muerte del Buda” en uno de los últimos comedores del mesón.
Foto 10... Todocoleccion.net. Publicidad del Mesón del Segoviano con otra de las pinturas de Artuto Ortiz-Alguacil

           En el año 1989 lo que fue la Posada de El Segoviano se vendió a la constructora “Desarrollo Agrario, Industrial y Urbano, SA” sociedad participada por la empresa PROCYRSA, propiedad del entonces concejal del Ayuntamiento de Madrid, Ramón Tamames Gómez. Tan solo un año después de la venta el inmueble fue rápidamente declarado en ruina y sus inquilinos desalojados con premura.

           Así, el actual número 30 de la Cava Baja se convirtió en un solar donde la constructora propietaria se negaría a permitir las excavaciones arqueológicas que exige el Plan General de Urbanismo de Madrid para las zonas de máxima protección, como esta. La Comunidad Autónoma de Madrid amenazó entonces con la paralización de las obras para la nueva edificación y la constructora no tuvo más remedio que claudicar.

            Las exploraciones arqueológicas sacaron a la luz varios silos, al parecer musulmanes, y un gran lienzo de 180 m2. de la muralla cristiana del siglo XI, que por la Cava Baja transcurría.
Foto 11... M.R. Giménez y Vicente Valdés (2015). Fachada del actual nº 30 de la Cava Baja. En el interior del inmueble se conserva el lienzo de la muralla del S-XI

             Un nuevo edificio de viviendas fue levantado en el solar, dejando al descubierto el lienzo de muralla para su visita.

MESÓN DEL SEGOVIANO (Actual CASA LUCIO).

           La taberna que Santiago González puso en 1902 en el nº 41 (actual número 35) de la Cava  fue evolucionando hasta convertirse en un mesón que, durante algunos años, era conocido como “La reina de los lacones”. Así lo comenta “El Imparcial” en 1930 cuando dice que, además de la Posada de San Pedro, tiene otra casa de comidas en el 41, que desde hace muchos años se la conoce como reina de lacones y sabrosos codillos a 65 céntimos.

Foto 12... Revista Buen Humor (1931). La Reina de los lacones

            En 1923 el mismo periódico nos habla de Santiago y del Mesón:

 “El caprichoso comedor de la famosa casa reina de los lacones y cocidos que el Segoviano posee en el núm. 41 de dicha calle de donde puede decirse que es rey y señor, ya que así se pregona y lo viene demostrando en todas las verbenas del distrito, engalanando la calle sin reparar en gastos, hasta hacerla sobresalir sobre todas las demás donde pasamos un rato agradable contemplando las pinturas tan originales y cosas tan divertidas como éstas, alusivas desde  luego a las figuras:

«El que quiera un cocido de «el Segoviano» que madrugue, que yo ya le tengo en la  mano». Más allá un maestro de escuela gime desesperado: “¡Con qué afán miro a los motilones al ver que comen cordero y lacón del célebre Segoviano»! ¡Yo, maestro de escuela, estoy desmayado!”

             Parece que el pillín de don Santiago no siempre ofrecía productos de la  mejor calidad pues el diario “El Sol” del 16/7/1925 notifica que Santiago González, Cava Baja, 41, es multado con 250 pesetas por venta de carne en malas condiciones para el consumo.

Foto 13…Todocoleccion.net. Antecocina y uno de los salones decorados con profusión por Arturo Ortiz-Alguacil.

            El citado Velasco Zazo nos relata cómo eran los locales que Santiago González tenía en los  números 28 (actual nº 30) y 41 (actual nº 35) de la Cava Baja:

“En los últimos años se ha puesto de moda el Mesón del Segoviano, en la Cava Baja, antes Posada de San Pedro, adornado con curiosas pinturas murales, lo mismo que los sótanos de la taberna frontera.

Los clientes recorren el laberinto de sus artísticos escondrijos y saboreando el lechón al horno, el cordero con patatas, la tortilla española, la sopa de ajo arriero y el vino rancio escanciado en jarritas talaveranas.

Desde el despacho de vinos –la clásica  taberna- una escalerilla de caracol conduce a la cueva, convertida en una especie de laberinto.

Los comedores están en los sótanos de otro local frontero (…) que por la Cava Alta muestran sus fachadas posteriores. Se llega a estos subterráneos cruzando otra taberna de pobre aspecto.

Una serie de reducidos escondrijos, en cuyo fondo se ven sobre un gran tablero las hinchadas corambres; de tierra desigual el suelo; de pino la mesas pequeñitas, con velones apagados; bajas las sillas y harto estrechos los bancos; decoradas completamente las paredes con pintura llamativa, caricaturesca y alegórica; en este ambiente se sirven la sopa de ajo en cazuela y con cuchara de palo, los huevos fritos sobre grandes lonjas de jamón, el cordero, el cochinillo asado, la pepitoria, los bartolillos y el vino manchego en jarritas talaveranas”.

Foto 14...Todocolección.net. Jarra del Mesón del Segoviano


            Cuando en 1942 muere Santiago el mesonero, su hija Petra se pone al frente de los negocios. El Mesón sigue funcionando con normalidad pero, poco a poco, va perdiendo esa clientela compuesta por lo más granado de Madrid y, hacia los años sesenta, sus comedores pasan a ser ocupados por extranjeros curiosos y jóvenes con sus tunas estudiantiles cantando “Clavelitos” acompañados por sus propias guitarras o por las que les prestaba el local.

Foto 15...Periódico Villa de Madrid. Petra González en 1982


            Para animar los cantos se bebía un vinazo dulzón y cabezón acompañado por unas tortillas fácilmente superables. Ya en 1935 Emilio Carrere escribía:

Una jarra
pintada, de Talavera
-vino espeso y peleón-.
La guitarra,
errabunda y lastimera,
del mesón,
y una lágrima colgando
del bordón.

Foto 16...ABC. Taberna del Mesón del Segoviano hacia 1970

            En 1945 entra como aprendiz en el mesón Lucio Blázquez; sólo tenía 12 años pero ya era muy espabilado y trabajador. Cuando doña Petra decide en 1974 dejar el local por jubilación, se lo cede a Lucio que ya se había independizado y abierto otro establecimiento en la misma calle.

Foto 17... Fotografías: urbancidades.wordpress.com (1960) y Enciclopedia de Madrid editada por Espasa-Calpe (1977). En la fotografía de la derecha se aprecia aún el rótulo de “Mesón del Segoviano” aunque el local ya era propiedad de Lucio.
              Petra se mantuvo únicamente al frente de la Posada hasta su fallecimiento en 1987.

        En 1974, y después de una reforma total, el Mesón del número 35 de la Cava Baja reabre conservando el nombre, pero unos años después pasa a llamarse “Casa Lucio” y a convertirse quizás en el más conocido restaurante de Madrid en donde un par de huevos te cuesta uno. Pero esa ya es otra historia.




FUENTES.-

“Ruta emocional de Madrid" Emilio Carrere.
“Fondas y Mesones” Antonio Velasco Zazo.
Las calles de Madrid” Pedro de Répide.
Las calles de Madrid” Hilario Peñasco y Carlos Cambronero.
“Centros y periferias en España y Austria: aspectos literarios y culturales” Carlos Buján López y María José Domínguez Vázquez.
“Historia y anécdotas de las fondas madrileñas” Peter Besas.
Hemeroteca de la B.N.E.
Hemeroteca ABC
Hemeroteca El País.
Madridhistorico.com
Es.wikipedia.org
Urbancidades.wordpress.com
Asislazcano.blogspot.com
Todocoleccion.net
Viejo-Madrid.es
Efe.com
Enciclopedia de Madrid. Espasa-Calpe.
Memoriademadrid.es

martes, 2 de junio de 2015

LAS TABERNAS DE LA CALLE TABERNILLAS

LAS TABERNAS DE LA CALLE TABERNILLAS

La calle Tabernillas  va desde la plaza de Puerta de Moros hasta la calle Mediodía Grande.  Ya aparece en el Mss 5918 de la BNE (h-1626) con el nombre de  Tabernillas de San Francisco  por la proximidad con el monasterio del mismo nombre. En  el  plano de Texeira (1656) está rotulada como Tavernillas (sic); en el plano de Chalmandier (1761)  se la nombra como Tabernillas  y en los de Espinosa (1769) y Tomás López (1785) como Tabernillas de Parla porque, según Répide, las tabernillas que aquí había  “pertenecían al pueblo de Parla, que tenía el privilegio de surtirlas”. Desde 1835 la calle se denomina simplemente Tabernillas.
Antes de continuar debemos hacer una aclaración y es que no debemos confundir esta calle  con la zona conocida como “tabernillas de Parla” que estaba por donde ahora se juntan la Gran vía con la calle de Alcalá. En el AHP leemos que:

El 15 de febrero de 1629 Diego Duarte vende a Gaspar Hernández “vezino de la villa de Madrid que tiene su taberna en la calle de Alcalá a do diçen las Tabernillas de Parla, en casas del guantero de la rreyna nuestra señora, ...tres cubas de vino blanco”

Según Herrero García sus dueños pidieron licencia para abrirlas en 1627 y se les dio un permiso temporal que se les retiró en 1673.
Aunque el mismo Répide nos dice que ya había tabernas  en esta zona en la época árabe, cosa un tanto dudosa y difícil de demostrar, lo cierto es que nosotros no tenemos  referencia de tabernas en esta calle hasta el siglo XVI  aunque no se puede asegurar que no las hubiese.
La primera taberna que tengo documentada es la de Andrés Rodríguez.  en 1583; curiosamente este tabernero era hermano de Alonso que fue primero tratante y después puso taberna en la calle Tudescos y que estaba casado con Ana de Villafranca enamorada de Cervantes y con la cual tuvo una hija, la única que se sepa del gran escritor.
En  el S-XVII Gabriel Mellado tiene taberna en esta calle al menos entre  1637 y 1647 y en 1678 conocemos otro tabernero, Pedro Ortiz.
Ya en el S-XVIII , en 1701, encontramos la taberna de Domingo Terrón junto a la cual Manuela Rodríguez tenía un bodegoncillo de puntapié, que eran  unos cajones o puestos al aire libre donde se vendían cosas de comer. Solían estar a las puertas de las tabernas o puestos de vino y junto a los mercados. Su nombre se debe a que se podían  echar abajo de un puntapié.
Otra tabernas documentadas en el S-XVIII son las de Juan de Omás (1720), Juan de Velasco (1730), Antonio Martínez (1740), la de Manuel Faeño (1769-1779) en la esquina N con la calle Oriente, la de Juan Parrondo (1770) esquina con la calle del Reloj (Lucientes) y las de Antonio Pérez y Cayetano García ambas en 1779.

Tabernilla  madrileña

En los siglos XIX y XX, aparte de las tabernas de los números 13 y 23 a las que nos vamos  a referir después, había templos de Baco en las siguientes localizaciones.
En 1805, en el nº 8 de la manzana 104 (esquina N con la C/. Oriente).
En el actual nº 1 nos encontramos las de Felipe García y Joaquín Fernández en 1911, Agapito Quiroga en  1920 y Tomás Castillo en 1930.
En el nº 3 había ya taberna en 1848. Entre 1861-63 estaba a nombre de Andrés Fernández, en 1871 era conocida como la "Taberna de Álvarez" y 1880 su propietario era Leonardo Méndez siendo en 1887 Andrés Martínez el tabernero y en 1894 Benigno Fernández.
En el nº 4 ya en 1894  había una taberna propiedad de Ramón López; entre 1897-1900 pertenecía a Juan Argüello, en 1905 la tabernera era Manuela Fernández, en 1911 era de  Enrique Sánchez y en 1920 de Juan de la Vega.
En el nº 8 la primera taberna documentada  es la de Justo Ramibas en 1851, después tenemos la de Alejandro de la Cruz (1861), la de Joaquín Álvarez (1861-68) y, finalmente, la de Pedro Lodeiro (1868)
En el nº 9 había ya una taberna en 1851 que ocupaba los números 9 y 11; entre 1887-1894 estaba  a nombre de Antonio Fernández; en 1900 la propietaria era Polonia Fernández y en 1911 Francisco López.
Si pasamos al nº 10 antiguo (actual nº 6, esquina a la calle de las Aguas) en 1879 nos encontramos una posada-parador cuya existencia tenemos documentada al menos hasta 1930. Sus sucesivos propietarios fueron: Bernabé Benito (1879), Tomás Luengo (1887), Celestino Pellico (1897) y Dionisia García (1911-1930). Seguro que en este establecimiento se podía uno tomar buenos caldos manchegos o madrileños..
En el nº 11 tenemos constancia de una taberna en 1950 siendo el tabernero Dionisio García. Quizás sea el hijo Dionisia, la dueña del parador del nº 10.
En1880  había una taberna en nº 15 cuyo propietario era Juan Iglesias; en 1887 era de  Domingo González, en 1894 pertenecía a Ramona López y en 1905 a Joaquín Fernández.
Entre 1865 y 1870 hay una taberna en el nº 17 aunque desconocemos el nombre del propietario.
También en el nº 19 (esquina a Lucientes) podía uno saborear un chato en casa de Nicolás García (1861-1868) que en 1880 pasó a Romualdo García y en 1887 el tabernero era Bernabé Benito, propietario también por esa época del parador. La taberna pasa a nombre de Eduardo Sánchez en 1894, en 1900 a Miguel García, en 1911 a Saturnino García y en 1920 a Isidro Barrios.
Vamos a continuación a hablar de las dos últimas tabernas antiguas de esta calle, desgraciadamente una de ellas ya desaparecida.

LA COPITA ASTURIANA


La Copita Asturiana
José Bueno y María Mayo llegaron a Madrid, procedentes de sus Asturias natal, y en  1959 se hicieron cargo de la taberna del nº 13 a la que dieron el nombre de La Copita Asturiana. Este local debió ser bodega desde 1904 año de la construcción de la casa. Hay un dato que nos ayuda en esta hipótesis y es que el diámetro de las cubas que tienen en la cueva es mayor  que la distancia entre las vigas que la cubren, lo que  nos hace sospechar que primero pusieron las cubas y después fueron construyendo la casa. Lo cierto es que ya en 1911 era una bodega a nombre de  Isidro Carbajo. Parece ser que durante un corto periodo de tiempo era conocida como Bodegas Escudero para posteriormente alcanzar la categoría de taberna. En 1950 estaba rotulada como Casa Eduardo.


Cubas en la cueva. Observen el diámetro  de ellas y la distancia entre las vigas del techo

Este local es la única taberna clásica que queda en esta calle. Tiene una preciosa portada pintada de rojo -el color típico de las tabernas madrileñas- y un interior sencillo en el que conserva, sobreviviendo a unas obras recientes de consolidación de  la casa, un típico mostrador de estaño con la clásica grifería.
Al fondo de la taberna, donde antes era la vivienda de los propietarios, se amplió el restaurante  en 1993 para poder satisfacer la gran demanda de clientes.
Cualquier plato que se pida es una fiesta, destacando los típicos asturianos: fabes con almejas, pote asturiano, fabada, callos con garbanzos o buenas carnes y pescados frescos, todo ello acompañado del buen hacer, la simpatía y el encanto de los dueños apoyados por su hija Olga y su marido José María.

Pepe y María con unos amigos a principios de los años 60
Como curiosidad diremos que durante la Guerra Civil  se comunicaron las cuevas de varios edificios vecinos    para más seguridad ya que sirvieron como refugio y en caso de derrumbe de una finca podían salir por otra a través de las referidas cuevas.

Pepe escanciando a la puerta de la taberna (hacia 1965)
En cuanto a los clientes de esta casa, sería mas corto hacer una relación de los que nunca han estado que de los que han  pasado por ella. Políticos de todos los signos (alguna ministra se tuvo que ir sin comer por estar las mesas ocupadas), artistas de todo tipo, escritores, periodistas... En fin, una lista interminable de madrileños, famosos o no,  que han degustado -y degustan- los guisos de doña María.




Pepe y María motorizados frente a la taberna abierta pocos años antes



Cuando en el 2009 se celebró en la taberna el 50 aniversario de su fundación, un cliente dado a la poesía, dedicó este romance a Mari y Pepe, los taberneros.












Mari y Pepe en su taberna



TOMÁS

En el nº 23 de la calle existió hasta el 2007 otra antiquísima taberna, la de Tomás. al frente de la cual estuvo  desde 1932 la familia de Tomás González,  primero el padre y después los hijos Tomás y Luis. Aunque este último Tomás sitúa el origen de la taberna allá por el siglo XVII, sabe bien como investigador que es, que no tiene ningún dato que lo confirme. La primera noticia que tenemos de esta taberna es de 1867 y que en 1868 su propietario era Antonio Gutierrez pasando por distintos  dueños: Josefa Franco (1887), Juan Madrid (1894), Lorenzo Lambarde (1897), Marcial Río (1900-11)
Tomás es un personaje singular: lo mismo hoy te servía un vino en su taberna que mañana te lo encontrabas en el Archivo Histórico Nacional o en el de Simancas. Es pues un tabernero ilustrado autor de varios libros, uno sobre su barrio, "Mi pequeño Madrid"
Esta taberna nunca tuvo un horario muy riguroso (tenían otra pequeña con el mismo nombre al final de la Cava Baja que sólo abría un ratito los domingos por la mañana); en la de la calle Tabernillas un letrero advertía que únicamente se abría cuando el fútbol, el baloncesto o la depre de dueño lo permitían. Así pues, el horario era “abro cuando llego y cierro cuando me voy.”



La desaparecida taberna Tomás en la calle Tabernillas


Como curiosidad diremos que Joaquín Sabina, en sus primeros años en Madrid, fue vecino  de esta finca. Vivió unos años en una buhardilla del nº 23. Tanto la calle Tabernillas como la taberna de Tomas aparecen en alguna de sus canciones. En "Incompatibilidad de caracteres" cita su piso en esta casa.
  
                                                                         Si me excita el sesenta y nueve
                                                        me grita: "quiero un cuarenta y dos". 
                                                       Siempre que en mi piso de Tabernillas llueve 
                                                       en su buhardilla brilla el sol. 
                                                      ...Adiós amor, adiós mujeres. 
                                                       Debe ser un caso de in- 
                                                       compatibilidad de caracteres. 


Tomás González  sirviendo cañas (Foto de Álvaro Benitez sacada del blog Caminandopormadrid de Carlos Osorio)
             En "Como te digo una.." habla de Tomás, creo que de una forma un tanto exagerada, pues no recuerdo yo que allí se consumiesen las gambas por kilos con sobremesas de copa y puro. Más bien era un local donde se podía tomar  pinchitos y canapés acompañados de buen vermut,  cerveza o vinito.

                                                    Pero a lo que vamos
                                                  ¿que dónde cenamos?
                                                  En casa Tomás,
                                                  Eh, de bote en bote,
                                                  Pagamos a escote,
                                                  Un kilo de gambas
                                                  Con su paternina,
                                                  Su buena propina,
                                                  Pacharán y puro
                                                 ¿cuánto nos cobraron?
                                                  No llegó a dos mil duros,
                                                 Tú dirás si es caro
                                                 Y ¿frescas? de puerto de mar.
                                                 Y ¿limpio? con decir Tomás,
                                                Oye, que era lunes y había que esperar.
                                                ¡joder con la crisis!
                                                ¿dónde está la crisis?


               Hoy la taberna de Tomás se ha convertido en una franquicia, desapareciendo así  otra mas de las entrañables tabernas del barrio. En cambio, en los años ochenta del pasado siglo, se abrió una taberna  junto a la de Tomás donde antes estaba la carnicería de Fermín. Este establecimiento, después de pasar por distintos dueños, en 1988 pasa a llamarse "Taberna J. Blanco". Es un local pequeño pero agradable  que recuerda  a las antiguas tascas y en donde, si tienes sitio, se come bien.

Taberna J. Blanco en Tabernillas, 23
BIBLIOGRAFÍA.-


- Biblioteca Nacional de España. Manuscritos
- Archivo Histórico Nacional
- Archivo Nacional de Protocolos
- Maganto, Emilio: Ana de Villafranca. Amante de Miguel de Cervantes
- Herrero-García, Miguel: La vida  española del siglo XVII
-  Anuarios del Comercio, la Industria.
- Répide, Pedro: Las calles de Madrid

AGRADECIMIENTOS.-

- A María y a José María Santiago por su amabilidad y el tiempo que les he robado
- A Tomás González





sábado, 14 de marzo de 2015

CARLOS ARNICHES: EL RASTRO, EMBAJADORES Y SUS TABERNAS

CARLOS ARNICHES: EL RASTRO, EMBAJADORES Y SUS TABERNAS

Carlos Arniches
  

        
            “Soy un hombre viejo, de muchos años; pongan ustedes los que quieran, que no me molesto. Yo tengo la culpa por haberlos vivido. Alto, todavía esbelto, hasta cierto punto; correcto y moderado en el vestir, y de no mala facha, pues, según han dicho varios biógrafos, tengo un cierto aire de personaje yanki. No sé si esto será cierto, porque yo no me he sentido nunca ni personaje ni yanki; pero como el trazo no me disgusta, aquí queda. Guapo, no lo soy -no quiero engañar a nadie-, y además, a estas alturas, ¿para qué? Tengo los ojos pequeños..., y cuidado que he visto cosas... ¡Y la nariz grande y de mala calidad; me acatarro mucho! La boca..., no sé cómo la tengo...; desde luego, harta de decir lo que no quiere, y, claro, así, ¡quién la tiene presentable!... Yo soy un poco cargado de espaldas; de espaldas y de otras muchas cosas. ¡Hay en la vida tanta cosa cargante!..."

          Estas líneas forman parte de la autobiografía  de Carlos Arniches (1866-1943), nacido en Alicante pero madrileño de adopción. El pueblo de Madrid ha sido constante protagonista de sus obras en las que se reinventa un idioma popular que no se sabe si lo copia del pueblo o es éste el que hace suyas las expresiones que aparecen en los sainetes de don Carlos.

              En 1931 el Ayuntamiento coloca   una lápida en   el   número 12 de la plaza del   general Vara del Rey (actual número 6) en el  arranque  de la  antigua calle del  Peñón,   ahora  bautizada  con  el nombre del escritor, y en la que    había una    taberna donde   el insigne autor  compartía  algún vinillo  con   la gente del Rastro y que inspiraban  al escritor  para  sus futuros  sainetes. Sin que   se sepa   el motivo, esta  lápida fue trasladada, hacia 1970, al número 31  de la calle que es donde está ahora.

Lápida de Carlos Arniches en la calle que lleva su nombre
                  Calle del Peñón (actual Carlos Arniches) en 1930 (Nuevo Mundo). A la derecha la casa donde se le puso la lápida en 1931


                                  Arniches en la entrada al Corralón , actual Museo de las Artes y                                        Tradiciones Populares ( Nuevo Mundo, 1930)

                  El periodista Juan G. Olmedilla en   una crónica para el  "Mundo Nuevo"   en 1930 nos   cuenta  el aprecio que tenían los vecinos del  Rastro  por don Carlos: 

                  "El dueño de una taberna   clásica  frente a  la  plaza de Antonio Zozaya   (actual general Vara del Rey) (...)   se nos acerca  afectuoso, y con llaneza, en la que entran por igual el cariño y el respecto nos invita:

- Buenas tardes, don Carlos y la compaña. No se vayan ustedes sin  aceptarme un    frasco de tinto... Tengo un Noblejas, señor Arniches,  más alegre que unas Pascuas con una obra de éxito.

- Dios le oiga a usted hijo, contesta  don Carlos, y se sienta  con nosotros  junto a  la  mesa  inclinada sobre el empedrado de su calle en cuesta"

   Arniches (en el centro) en  una taberna de la calle del Peñón 
                           (Nuevo  Mundo, 1930)

                 Amante de las tabernas castizas, solía frecuentar la de Florentina como el mismo cuenta

                      
                 Arniches y la tabernera Florentina (Diario ABC)

             "Otras tardes me voy a casa de Florentina. Es la dueña de una taberna que hay al principio de la calle castiza que lleva mi nombre. Es una mujer guapa trabajadora y  alegre, como  casi todas las madrileñas. Guisa los callos con una suculencia que resucita"

             Son muchas las obras de Arniches  cuya  acción  se desarrolla en los barrios bajos: el Rastro, Lavapies, el Portillo,rondas de Valencia y Toledo, etc.  
             En estos barrios abundan las tabernas y en ellas sitúa Arniches a muchos de sus personajes. Así leemos al principio de "Los ateos"

               “Interior de una taberna establecida en la calle del Peñón, a dos pasos del Campillo del Mundo Nuevo.
            Es de noche. El aire de   la   tasca, enrarecido por el humo de  los  cigarros, amengua la luz  de las débiles bombillas,   dando aspecto siniestro a aquellas gentes famélicas y desarrapadas que  llenan las mesas.
             Se huele a vino, a tabaco, a guisos fuertes.
             Pepe el Malagua, dueño del local, les hace los honores obsequiándoles con unas limpias de Monóvar.
           En el velador  de un rincón  acaban   de comerse unos  livianos y de apurar unos quinces, previamente jugados al mus, Baldomero el Bizco, Nicomedes el Soga, el señor Eulalio y el señor Floro.
             De pronto, un poco confuso, suena a lo lejos, en el silencio de la calle, espaciado y solemne,el repiqueteo de la campanilla del Viático. Le sigue, como ruido complementario, el lento rodar de un coche.
              Se habla a voces de la última cogida de un fenómeno.
              En el interior de la taberna se hace un  breve   silencio. Todos atienden.”

Limpias- Copas de  vino. El origen del nombre posiblemente se deba a la costumbre que había de juntar y volver a servir-con conocimiento del consumidor- los restos de vino de las copas usadas
Livianos- .Pulmón, principalmente el de las reses destinadas al consumo
Quinces- Vaso de vino que costaba 15 céntimos.


                                             Taberna de Manzaneque (Dibujo de Sancha)

          


                   Quizás la taberna a    la   que se   refiere   Arniches  sea  la de Manzaneque que estaba  en la  esquina de Mira  el  Sol con la calle del   Peñón, famosa por ser  punto de reunión  de gente del   hampa    y  todo  tipo de  chorizos. Ya existía  a  finales del XIX y debió desaparecer en torno a 1930

                En "Los Culpables"  Valentín y     Ceferino  discuten sobre la fiesta de los toros y, de forma    muy graciosa,  citan a la   taberna "La Gloria"  cerca   de  la  Puerta  de   Toledo. Cuando se  publicó   este    sainete  (1915)  la calle de Toledo estaba llena   de    tabernas. No hemos    encontrado, en  esa  época, ninguna  llamada “La Gloria”  por   lo que  suponemos  que el escritor se inspiró en cualquiera de las que había, y jugó con el nombre

VALENTÍN. Y náa más. Y un servidor lo que te argumenta con razones inrefutables es que en España la culpa de tóo el atraso en que vevimos las clases neutras la tién los toreros. Así, en rotundo. 
CEFERINO. (En un tono de guasa castizamente madrileña.) ¡Azofaifas! 
VALENTIN. ¿Azofaifas?... Mientras quede en España una coleta , el progreso nacional será un mito. Apúntate esa frase y ponle orla. 
CEFERINO. Amos, no seas cursi, Valentín. 
VALENTÍN. ¿Cómo cursi?... Pero ¿tú no vas a los teatros ni lees Prensa formal? 
CEFERINO. Yo voy donde haiga que ir.. si me convidan, y leo lo que me se presente; pero me juran a mí que del atraso de Cuenca u de Jaén, pongo por cabezas de partido, tien la culpa las dos corridas de toros que se dan al año (y que además no va nadie), y eso no se lo creo yo ni a mi señor padre, que estará en La Gloria. 
SEÑOR LUCAS. (Aterrado.) Pero ¿se ha muerto? 
CEFERINO. Me refiero a esa taberna que hay ahí, orilla el Matadero. No alarmarse. 
VALENTÍN. Servidor lo que te mantiene, digas tú lo que digas, es que la tauromaquia es la plaga que nos corroe.


                Puerta de Toledo. en 1910. A la derecha el Matadero próximo  a la taberna "La Gloria"
               En el sainete “La risa del pueblo” el Señor Bonifacio pregunta qué novedades hay por Lavapiés. El Sardina le comunica la venta de una taberna de la calle Amparo y  la  apertura de  un bar  en la Glorieta de Embajadores.

                                         Taberna de Lavapiés, 1934 (Foto de Santos Yubero)

El Sardina.— Pues que tu compadre el Pintao ya no tié la taberna en la cae del Amparo.
La Angustias.— ¿La traspasó?
El Sardina.— De parte a parte. Por mil doscientas beatas y un juego de alcoba bastante viejo.
Bonifacio.— ¿Y s'ha quedao sin na?
Primitivo.— Ca, hombre. Ahora ha puesto un bar en la Glorieta y lo ha titulao el ”Bar Quito"... que me creo que es un chiste.
La Angustias.—¡Mi madre, qué tontería!
El. Sardina.— Dice que, al mismo tiempo que rótulo, es retrúcano y s'hará popular.
Bonifacio.— ¿Sigue tan chirigotero?
Primitivo. — Uf... es morirse de risa entrar  en  aquel  establecimiento.  Allí van el Berruga, Paco el Chalana, Sixto el Curial, Mariano el Pajero... ¡la jovialidaz de Embajadores !

Beata- Coloquialmente, peseta

Taberna por Embajadores

        En "El santo de la Isidra" Arniches nos presenta un escenario de la cabecera del  Rastro y, cómo no, una castiza taberna. Escribe el maestro:
             “Una plazuela de los barrios bajos. Al foro, dos casas separadas   por  un  callejón  que da a la calle de Toledo, y en cuyo fondo se ve la Plaza de la Cebada. La casa de la izquierda tiene en su planta baja una tienda de ultramarinos  con  puertas  practicables. La puerta de esta casa,   da al callejón. A  la  derecha, otra casa, y  debajo  una  taberna  con  un  rótulo que dice: Vinos y  Licores. La puerta de la taberna que da frente al público y la que da al callejón, practicables.
          En los laterales derecha una casa de   modesta   construcción, y  en el  ángulo  que forma esta casa con la taberna, el chiscón de  un zapatero de viejo. En los laterales izquierda. otra casa, en cuya planta baja hay establecida   una tienda de  sillas,  de  las cuales vense  algunas  colgadas  en  la puerta. La muestra de   la tienda  dice: La  Mecedora, se   PONEN ASIENTOS. SE FORRAN SILLERÍAS. Al balcón de la casa de la derecha, que es practicable, lleno de tiestos con flore

Taberna barriobajera (Esplandiu) y tabernero castizo (Tauler)


                        En el sainete "La pena negra"  el  escritor  sitúa   la  acción  en  las  Rondas. Aunque  en  la siguiente escena nos habla de la ronda de Valencia, las barberías "cara al sol" solían  estar  en    la  ronda de Toledo, por donde las Américas del Rastro
                     “La escena representa un trozo de la  Ronda  de  Valencia. A  la  izquierda, y  en primer término, en un chiscón, construido con tablas  pintadas  y  techumbre de zinc, hay    establecida  una  barbería de quince céntimos y «cara al sol». A los lados de la puerta, sillones para  los  servicios;  en  una mesita  pequeña,   útiles  de  afeitar, como  navajas, bacías, etc.  Sobre  la puerta un letrero mal pintado que diga: Salón de Barbería.  NO SE ADMITEN PROPINAS.  En el  mismo  lado y  colocada de  izquierda  a derecha hasta mitad de la escena, se verá la valla de un solar que continúa en ángulo hasta cerca del foro. Próxima a este ángulo y frente al público, la valla tiene una puerta practicable


Arte: Grabado Barbería al aire libre - 1878 - España - 19 - Foto 1 - 37722181
                                        Barbería al aire libre, hacia 1880

                Entre la barbería y la valla hay espacio     para una calle. A la derecha, en primer término, una taberna de pobre  aspecto  con    puerta  practicable. En  la calle  y   frente    a  la   puerta,  dos   mesas  y alrededor, banquetas. Sobre la puerta un letrero que dice: VINOS. Cerca del foro queda un espacio a manera de plaza,  formado  por las casas de la derecha y la valla  del solar  que  da  frente  a  estos términos, y en este   espacio,    desemboca   una   calle bastante  ancha. El foro lo constituyen casas y solares. Es de día; un día de invierno de sol muy claro.”

Taberna en el Rastro (Dibujo de José Gutierrez Solana)

                Muy cerca del    escenario  anterior, en   una taberna  próxima  a  la Glorieta de Embajadores, se desarrolla la acción en "El amigo Melquiades"
    " El lugar está desierto; anochece. Pasa un farolero encendiendo los faroles; a poco,  a  lo largo de la calle, brillan las lucecitas del alumbrado público. Se escucha el pregón, muy lejano, de un vendedor ambulante, y, mucho más lejana, la musiquita, casi imperceptible de un organillo. En   una taberna próxima, en cuyos cristales resplandece una luz rojiza, se oye un desacordado guitarreo. Un borracho, con su voz incierta y ronca canta dentro :                                     
                                                  Eche usté cuatro botellas
                                                   y aquí me dejo la capa,
                                                  que aluego vendrán por ella.

 (Un coro de voces infantiles canta lejísimo como un eco perdido)

                                                  Ramón del alma mía:
                                                  del alma mía, Ramón;
                                                  si te hubieras casado
                                                  cuando te lo dije yo.
                                                  (...)
               Nieves se sienta en un banco de la Glorieta. La vieja queda en pie a su lado. Dan ocho campanadas en el reloj de una iglesia distante.
                Vuelve el guitarreo en la taberna. Canta una voz de hombre:

                                               Hay que querer a las hembras
                                               con los pensamientos malos,
                                               que al que no lo hiciese así,
                                               ellas le darán el palo”

               Aunque ya apareció en otra entrada de este blog, no me resisto a volver a contar una anécdota, con Arniches de protagonista, ocurrida en una tabernita de la calle de Embajadores y que un cliente le contó al escritor madrileñista Díaz Cañabate


Taberna  "Casa Paco"en la calle Embajadores, 36 (Foto Santos Yubero) 


           "En esta misma mesa conocí a don Carlos [...] estábamos echando un mus ahí, en esa mesa y él estaba sentao en esta misma con otro caballero, muy atento a la partida, y, lo que pasa, que se enredó la cosa y charlamos.Y cuando se marchó, el señor Felipe el tasquero, el anterior dueño, nos dijo que era don Carlos Arniches. Desde entonces no me perdí estreno suyo"

                El crítico de teatro José Luis Marial escribió estos versos con motivo de la muerte de Arniches

                                                          


               Se fue el mejor de los buenos.
               Las mocitas madrileñas
               se ponen crespones negros.
               Un hondo suspiro amargo
               de Tetuán a Cabestreros,
               de Chamberí hasta Rosales,
               de las Ventas a Progreso,
               conmueve a todo Madrid
                                                   llorando a su sainetero.





BIBLIOGRAFÍA.-
Carlos Arniches: "Del Madrid castizo. Sainetes"
Carlos Arniches: Teatro completo
Hemeroteca Nacional
Hemeroteca ABC
Revista Villa de Madrid , nº 49 año 1975