sábado, 8 de marzo de 2014

TABERNA LA CRUZADA

               A la entrada de la calle de la Cruzada, junto a la plaza de Santiago, en el número 1, estuvo durante más de siglo y medio una famosa taberna con parroquianos muy ilustres, incluso algún que otro rey; La Cruzada se llamaba el establecimiento y, según rezaba el rótulo de su fachada, fue fundada nada menos que en 1827 por un aguador de la calle Mayor apellidado García Posadas. En 1861 está a nombre de Carlos García; en 1900  su propietario era Andrés García que además de tabernero era cosechador y en 1911 Eugenia García; probablemente  todos ellos  descendientes del aguador. En los años 20 y 30 del pasado siglo el tabernero es  Lucio Sanz; posteriormente se hace cargo del establecimiento Tiburcio Alonso hasta su cierre definitivo en 1975.
El Heraldo (25/11/1890)
Rótulo de la antigua taberna  presidiendo ahora  la nueva Cruzada en la calle Amnistía
               Anteriormente, entre 1823 y 1830, tenemos noticia de una taberna en la misma calle pero sin localizar, cosa comprensible pues la numeración  de las casas como la conocemos ahora es de 1835; su propietario era Paco Trigo y, puesto que en la calle de la Cruzada no encontramos ninguna taberna más en esa época, es muy probable  que nos estemos refiriendo a la misma con lo que la fecha de 1827 se queda corta.

Exterior de La Cruzada a principios del siglo XX
         
Versión naïf de la foto anterior
                  Manuel Montero Vallejo nos habla de los parroquianos y del ambiente de la tasca que fue "cita durante siglo y medio de aguadores, alabarderos, políticos, intelectuales y literatos, con sus diminutos y  entarimados salones que entorno a la frasca de mostagán y a manjares enemistados con la úlcera acogieron desde los días románticos a inolvidables tertulias, conservaba como oro en paño y máximo galardón la copa en que, según la tradición, trasegó más de una vez su limpia de aguardiente el castizo don Alfonso XII"

Esta es la copa  reservada para Alfonso XII
               Efectivamente,  siempre se dijo que Alfonso XII , para librarse de sus tribulaciones y poder sobrellevar  mejor sus lutos, se escapaba del Palacio Real para, de forma anónima, tomar un trago y charlar con los parroquiano de La Cruzada. Hasta el cierre de la taberna se conservaban algunas copas que, según Tiburcio, el Rey regaló a García Posadas.
Otros clientes  de relieve fueron el general Primo de Rivera, muy asiduo y a veces acompañado de su hijo José Antonio compartiendo local con Prieto, Largo Caballero y el alcalde de Madrid  Pedro Rico.
Por aquí pasó toda la Generación del 98: Azorín, Valle-Inclán, Baroja y Maeztu.
El torero Vicente Pastor y el pintor Ignacio Zuloaga, que no se perdía taberna,  paraban  por  aquí a menudo, así cono Díaz Cañabate o Mingote.
A los poetas también les gustaba trasegar en esta tasca. A Eduardo Alonso se le puso un mosaico en su recuerdo cuando falleció. José García Nieto, Manuel Alcántara o el popular y autodidacta Manolito el Pollero hacían aquí sus tertulias poéticas. A uno de estos clientes poetas se deben estos versos en homenaje a la taberna. Primero nos habla de sus clientes:
A ella acuden escritores, 
van obreros, van señores,
van bellísimas doncellas
¡ Vive Dios que ellos y ellas
son muy buenos bebedores!
y acaba con el piropo final:

Porque en toda la barriada,
ni en ningún barrio vecino, 
hay tasca tan delicada,
ni que tenga tan buen vino
como tiene La Cruzada

¿Qué es lo que se comía en La Cruzada. El periodista Rodríguez Alfaro no lo cuenta: "Aquí se tomaba lechón al horno, cordero con patatas, tortilla a la española, sopas de ajo y vino de Valdepeñas escanciado en jarras de Talavera. Era el más típico de los rincones para el entusiasta en hallar escondrijos acogedores.. El servicio siempre era diligente, y el agasajo, pródigo"
Volvamos al poeta:

Qué callos más  exquisitos,
que bueno el cordero asado;
como está el jamón curado
con un par de huevos fritos;
qué rico el lomo adobado.

Interior de La Cruzada. Tiburcio  desmantelándola antes de su cierre definitivo en 1975

Tiburcio Alonso en la puerta de La Cruzada poco antes de su desaparición en 1975

Calle de la Cruzada: a la izquierda estaba nuestra taberna (Foto del Autor)
               Esta taberna  está citada en el libro de Luis Romero "Las tabernas de España", en el de Luis Agromayor "Las tabernas de Madrid". También José Luis Sampedro  habla de ella en "Octubre, Octubre": "taberna modelo, La Cruzada, eterna en mi recuerdo, achicando a los cafés morunos  y a los bistrots y los pubs  (...)  ¡el sabor de mi infancia!". Las migas con tropezones costaban veinte pesetas. "Me metió en el cuartito  a la derecha, con sus azulejos  (...)  buen vino de Noblejas, don Luis...¡Que le aproveche!"

               Como curiosidad,  veamos dos noticias que aparecen en la prensa, de sucesos acaecidos en "La Cruzada" y un anuncio del local  en los días mas trágicos  del asedio de Madrid en  plena Guerra Civil

Monedero falso
               Al intentar pasar una moneda de dos pesetas, falsa, en la taberna de la calle de la Cruzada, 1, fue detenido por el guardia ciclista 1.866, Ramón Alvarez García, que habita en la Cuesta de Javalquito, 3. (El Globo, 20/2/1923)

Por una mala jugada
               En una taberna establecida en la calle de la Cruzada, número 1, se hallaban anoche jugando a las cartas Juan Jiménez Cabezas, de sesenta y tres años, domiciliado en la plaza de Santiago, núm. 2, y Mariano Jiménez, de veinticuatro.Una mala jugada originó una violenta discusión, que degeneró en riña. De ella resultó herido Juan con lesiones de pronostico reservado (La Libertad , 18-5-1929).

Anuncio de La Cruzada en plena Guerra Civil (La Voz, 3/12/1936)

               Con la desaparición de la taberna de la calle la Cruzada, con el mismo nombre y con algunos recuerdos de la anterior, como sus mesas redondas y taburetes, se abre un nuevo local muy próximo al anterior, en la calle de la Amnistía.


Nueva taberna "La Cruzada" en la calle Amnistia (Foto  Cecilia-Pasies, 1984)




La nueva Cruzada en la actualidad  (Foto dondeviajamos.com)


Interior de la nueva Cruzada  Arriba al fondo el rótulo de la antigua taberna (Foto Offerum.com)

BIBLIOGRAFÍA.-

Hemeroteca Nacional
Anuarios (varios años)
Varios periódicos
Agradecimiento a los regidores de  la nueva Cruzada  de la calle Amnistía por su colaboración



lunes, 20 de enero de 2014

BODEGAS ALFARO


BODEGAS ALFARO


               En torno a 1918 llega a Madrid, procedente del pueblo soriano de Villar de Maya, Manuel Alfaro Lería nacido en 1899. Antes que Manuel, y desde el mismo pueblo,  vino Saturnino Casas quien abrió varias bodegas por la zona de San Francisco el Grande: en el nº 6 duplicado (actual número 8) de la Carrera de San Francisco, en el nº 23 de la calle Ventosa y en el nº 24 de la calle Humilladero. En la primera de estas, la de la Carrera, fue donde empezó a trabajar el joven Alfaro.

               Saturnino Casas inaugura en 1923 las Bodegas Casas del número 23 de la avenida Ciudad de Barcelona, bodega que aún existe y está  regentada por Gregorio, el nieto de Saturnino. Al abrir esta bodega se va desprendiendo de las tres  antes apuntadas. Hacia 1924 Manuel Alfaro, ya casado con Hilaria, le compra a Saturnino la bodega de San Francisco. En ella permanecen muchos años hasta que, en torno a 1960, la venden a Policarpio Díez ,"Poli", personaje entrañable y castizo, que trasforma la bodega en un bar del que recordamos sus célebres navajas a la plancha. Tras su muerte prematura y, después de un periodo en el que estuvo al frente una hija, venden el local  y  ahora es  una taberna moderna.


Bodegas Casas en la Carrera de San Francisco hacia 1922.
A  la izquierda Manuel Alfaro Lería (Foto cedida por Manuel Alfaro García)


Bodega de la Carrera de San Francisco hacia 1922. En primer plano y en horizontal, Manuel Alfaro Lería; detrás, con sombrero, su mujer.  ¡Y el vino a 50 cmts!.(Foto cedida por Manuel Alfaro García)

               Del matrimonio de Mamuel e Hilaria nacen cuatros hijos: dos chicas, que se independizaron profesionalmente, y dos chicos, Pablo y Manolo, que serán los continuadores del negocio del padre.
 Muy elegantes, Manuel Alfaro García y una de sus hermanas, frente a la bodega
de la Carrera hacia  1960 (Foto cedida por  Manuel )
Aspecto actual de la Bodega de la Carrera de San Francisco (Foto T. Cecilia)

               Pocos años después de comprar la  bodega de la Carrera, Alfaro amplia el negocio adquiriendo otra bodega, que ya existía desde 1911, en el número 84 de la calle Amparo.

               Alfaro coge esta bodega hacia 1925.  En 1946 entra como empleado José Rico procedente de del pueblo soriano de Diustes próximo a Villar de Maya, el pueblo de los  Alfaro. Con sólo 16 años, hace de comodín  trabajando en cualquiera de las tres tabernas de  Manuel Alfaro. En 1967 pasa a ser encargado de la de la calle Amparo adquiriéndola en propiedad en 1985.

               Esta taberna tiene una cueva con grandes tinajas donde se almacenaba el vino antes de subirlo a las cubas que aún hay detrás del mostrador. Según José, en los años sesenta se vendían 60 arrobas de vino (casi mil litros)  a la semana.
Bodegas Alfaro en el nº 84 de la calle Amparo  hacía 1960  (Foto cedida por José Rico)
               José ya esta jubilado y al frente de la bodega están su hijo del mismo nombre y la esposa de este, Carmen, quienes, además de simpatía,  nos ofrecen   buenas conservas a precios muy razonables, así como deliciosas raciones y aperitivos que, cocinados por manos expertas  en Getafe, llegan a la calle Amparo con todo su sabor. Además de la ensaladilla, los boquerones en vinagre y el pisto manchego, podemos probar algo un poco más sofisticado como  las albóndigas en salsa de puerro, el pollo en salsa de azafrán, el bacalao ahumado con piquillos y las potentes patatas sorianas. Todos estos manjares los podemos regar con cerveza, vinito o el clásico vermut de grifo.

José y una clienta bien "peiná" en la bodega de calle .Amparo (Foto cedida por José Rico)



Bodegas Alfaro  en los años 70 (Foto cedida por José Rico)

Raciones a precios competitivos y la radio que,durante décadas,ha sido  testigo
no mudo del devenir de esta bodega (aún funciona). (Foto de A. Pasies)


Pequeña cuba "estilo velazqueño" en la que se guarda
el delicioso vermut de grifo (Foto de A. Pasies)

               A causa del incendio de un contenedor, el fuego se propagó  a las maderas de la fachada de la bodega quedando después del arreglo con el aspecto actual.

Fachada de Bodegas Alfaro en la actualidad (Foto A. Pasies)



               Finalmente, en 1929 alquila Alfaro  a Manuel Nieto la bodega de la calle del  Ave María, 10 (realmente es calle del Olmo, 25) por doscientas pesetas al mes.

               Esta bodega ya existía  en 1909, como venta de vinos al por mayor, a nombre de Isidoro Villalobos. Antes de alquilarla Alfaro la regentaba Fulguencio Carretero propietario de otra taberna a la entrada de la calle Magdalena, en la acera de los impares. En la última reforma de 1997 debajo de los rótulos de Alfaro apareció el nombre de Carretero.

               Así como Pablo estuvo más en la bodega de la calle Amparo, Manolo trabajo  prácticamente siempre en esta del Ave María hasta su jubilación en 1997. Los antiguos clientes aún recordamos unas anchoas soberbias que le traían desde Santander y unos berberechos enormes que daba ¡de aperitivo!.

             Al jubilarse Manolo, y después de una reforma, se hicieron cargo de la taberna tres socios quedando ahora el local en manos de dos de ellos: Miguel y Ángel.

               Con una cerveza bien tirada, vermut  y una  interesante oferta de vinos, podemos acompañar  la gran variedad de conservas de calidad, las anchoas y el salmorejo cuando se acerca el verano..




Los hermanos Manuel y Pablo Alfaro en la bodega de la calle  del  Ave María. A la derecha la preciosa grifería de cinco caños ya desaparecida  (Foto cedida por Manuel Alfaro García)






Artística fotografía con  Manuel Alfaro en la  calle  del Ave María (Foto cedida por Manuel Alfaro García)


Bodegas Alfaro  en la calle del Ave María hacia 1960 (Foto cedida por Manuel Alfaro)


Bodegas Alfaro en la actualidad (Foto de T. Cecilia)

Interior de Bodegas Alfaro (Foto de T. Cecilia)


               De la familia Alfaro no  solo Manuel  fue tabernero ya que, entre hermanos, cuñados y primos, llegaron a regentar nueve Bodegas Alfaro. Además de las tres ya mencionadas de Manuel , su hermano Galo tenía  tres en la calle Francisco Silvela, una de ellas en el número 69. Dos primos de Manuel, Hilario y José Munilla, se establecieron en la calle Viriato número 11 y en el paseo de Extremadura número 140 respectivamente. Por último, Teodoro abrió otra en el número 146 de la calle Santa Engracia, entonces esquina a Maudes.


AGRADECIMIENTOS.-

Esta entrada del blog no hubiese sido posible sin la imprescindible colaboración de.
-- Manuel Alfaro García (Manolo)
-- José Rico (Pepe), su hijo y Carmen, de la calle Amparo
-- Miguel, de la calle del Ave María.

viernes, 29 de noviembre de 2013

CASA ELADIO

          LA TABERNA "CASA ELADIO"

     En 1861, en el nº 4 de la calle Independencia, había una tabernita a nombre de  Julián Alonso; en 1880 su propietaria era Dorotea Biendicho y en 1896 el tabernero era Eladio Leirana quien la hizo famosa con el nombre de "Casa Eladio". Todos estos datos están sacados de los Anuarios, pero en "El Imparcial" del 4/12/1895 se habla de una aportación a la suscripción Cariñana de la "Tienda de vinos, Independencia, 4 Sres. D. Eladio Leirana, 50". Por tanto, la taberna de Eladio existía al menos desde 1895.
            
   En "El Heraldo" del 1/7/1900 dan la noticia del asesinato, en la calle Independencia, de un músico del Teatro Real  al salir de la taberna de Eladio en donde, después de jugar a las cartas, se entabló una discusión sobre quien pagaba unos pájaros. En el sumario el tabernero Eladio Leirana manifestó "que los vio disputar por la cuestión de los pájaros, y que los echó fuera porque eran las dos de la mañana". Esta noticia nos da idea del horario de cierre del local.
Lugar que ocupaba la taberna "Casa Eladio" (Foto del autor)

               José Alfonso, en su libro sobre el cuplé, nos habla así de la taberna de Eladio:
              “Se hallaba sita en las cercanías del Real. Y se hizo una tasca de leyenda. A ella acudían, en los entreactos y al terminar las funciones, los personajes más encopetados de Madrid. Y los cantantes más famosos. Era curioso contemplar a los varones de flamante etiqueta y a las damas con sus envases fastuosos y lujosas joyas sentados, ante rústicas mesas de pino. ¡y sin manteles!.                Los platos más típicos de la tasca eran los huevos fritos con tomate y las judías con chorizo. Valían cada uno seis reales. Y lo mismo daba que se los embutiera un conde que un tramoyista.
          El popular Eladio era un hombre sincero, pintoresco y brusco. Por sus relaciones empingorotadas tenía en las alturas más influencia que un ministro. En sus bastas mesitas de pino, jamás había manteles ni servilletas. Las servilletas, decía Eladio, eran prendas de mujeres. ¡Pero es que ni hasta las señoras se las ponía!. A Titta Rufo que iba una noche con unos amigos y se las pidió, levantando su vozarrón porque Eladio no se las traía, le dijo Eladio:
                -¡No grite que no se las traigo!. Y a usted, menos que a ninguno. ¡Vergüenza debería darle a un hombre tan macho como usted el pedirlas!.
                  Cuentan que el inmenso barítono, comprensivo, reía ante la salida del tabernero. Eladio trataba con gran confianza a todos estos personajes. Otra noche entró en el local a toda prisa, pidiendo un par de huevos fritos, el director de orquesta. Estaban representando Parsifal . Fue en un entreacto y el hombre llevaba los minutos medidos. Porque Eladio tardaba en servirle, el músico le apremió un poco descompuesto. Y el inolvidable Eladio no pudo contenerse. Se entufó y le dijo:
                -¡A ver si usted cree que freír bien un par de huevos es tan fácil como dirigir el Parsifal

               Los protagonistas de esta anécdota varían según quien la cuenta. Hay quién cambia a Titto Rufo por el maestro Guarnerio y  Tomás Borrás pone a Rabl dirigiendo  Tristán e Iseo. Este autor define a Eladio como “pausado, pocas palabras, calculador a ojo, fiador de bohemios. Los cuales empezaron a frecuentar la tasca de Eladio, como el cafetín del manco, y a hablar de su munificencia, baratura y familiaridad hasta hacerlo famoso. Eladio aclamado en las conversaciones, y a la hora de no pagar la cuenta.”
               Al hablar de su cocina dice que “guisaba primorosamente en casa de Eladio; sus viandas sabían con sabor casero, sustancioso, llenante, tan lejos del sabor de restaurante, desangelado y sin rechupete”
               A la hora de hacer la cuenta “se acercaba, al llamarle para liquidar la dolorosa a la mesa sin manteles, echaba un vistazo a los rebañados y fijaba:
                - Diecisiete con quince
               - Pero Eladio, si hemos tomado tres de pollo, dos de mero en salsa, requesón y ciruelas y dos de vino con seltz.
            - Diecisiete con quince.
              La aritmética de Eladio era irrefutable. Otras veces se excedía si antes se quedaba cortísimo.
                -Veintiuna.
                -¿Cómo veintiuna, si sólo he tomado sopa de ajo sin huevo?
                -Veintiuna    
                -Se endurecía el rostro, cerraba los puños, apretaba las mandíbula
                 -Veintiuna
               ¿Cómo calculaba?. No se sabe. ¿Decía una buena cantidad al tun-tún?. ¿Dividía entre las mesas el total de lo que deseaba ingresar en la jornada?."

               Díaz-Cañabate nos  cuenta como Casa Eladio se puso de moda: "de pronto, un buen día, unos señoritos entran a comer en una taberna situada en la calle de la Independencia, frente al Teatro Real. Su dueño se llama Eladio Leirana. Es una tabernita muy pequeña. Apenas cinco o seis mesas. ¿Por qué entraron esos señoritos a comer allí? ¿Les impulsó ese azar misterioso que se entretiene en regir y modificar las costumbres, o fue sencillamente que tenían hambre, pasaban cerca y uno de ellos tuvo la intuición de que allí se comía mejor que en su casa, las mismas cosas que en su casa por muy poco dinero?. Sea de ello lo que quiera, el caso es que estos señoritos se lo dijeron a otros, que se corrió la voz y que se puso de moda el comer en casa de Eladio."


               Nuestra taberna era muy frecuentada por periodistas sobre todo por los que cubrían los eventos del Real. Allí se reúnen en 1924 los de "La Voz" para celebrar un estreno.
           "Los redactores de esta casa  se reunieron anoche para agasajar a los autores de "Flandorfer, el único", en fiesta de cordialidad y compañerismo.[...]   Fue una reunión íntima, sin anuncios ni comisión organizadora; agradabilísima y alegre. Por querer que fuese también pintoresca, se hizo en la Casa Eladio; Casa cuyo recuerdo raro será el periodista que no sienta unido a alguna época de su existencia. Y anoche Eladio se lució. Hay comidas mejores aún que aquellas en que no hay discursos ni brindis; y son aquellas en que todos discursean y brindan a la vez. A este género perteneció la de anoche." ("La Voz" 15/12/1924)

              En 1925 se anuncia el cierre del Teatro Real y "La Esfera"  (21/11/1925) muestra su preocupación por la disminución de clientela en los comercios de alrededor a causa de ese cierre.
         "El mismo comercio de los alrededores padecerá con esa suspensión. Por ejemplo: esos albergues para la manducación, tan alegres y tan bohemios,como la casa de Eladio y la de Porrulo, (se debe referir a Próculo) ¿qué les pasaría sin sus grandes cantantes, que de vez en cuando huelen y se lanzan sobre la cazuela espesa que alegró su juventud, y sin todos los aficionados que se citan allí a las ocho y media para subir después los mil peldaños que llevan al paraíso"    

             Hablando de un restaurante al que va Oscar Espla, "Artemio Precioso" hace esta comparación con Casa Eladio
           "Por la familiaridad que se toma, recuerda algo a la Casa Eladio, de Madrid, aunque aquí hay manteles y servilletas, y en casa de Eladio sólo hay mal humor y buenos platos, sabrosos; pero dados como haciendo un gran favor." (“Muchas Gracias” 16/1/1926)

              En  mayo 1928 parece que temperatura de Madrid,  sin hacer caso del Calendario Zaragozano, es más fría de lo normal lo que altera la vida de la ciudad. La revista satírica "Gutierrez" lo comenta  con mucha gracia así:
       "Se han suspendido en lo que va de temporada seis, siete u ocho funciones taurinas; las flores que, confiando en el Zaragozano, abrieron sus corolas, las  han  vuelto a cerrar en  espera  de  que vengan tiempos mejores; las   mariposas, por tanto, en vez de libar  de  flor en  flor,  toman  judías blancas en casa de Eladio, y los poetas  ni cantan sus conocidos versos a la Primavera, ni siquiera podemos asegurar que coman judías" 

               El “Mundo Gráfico”  del 2/2/1927 publica esta crónica que , por su interés, publicamos íntegra.


               También en 1928  "Gutiérrez" publica este chiste que nos da idea de la fama que tenía la taberna de Eladio.
              --Caballero: acabo de llegar a Madrid y no conozco... ¿Podría usted decirme dónde podré comer por dos pesetas?
             —Si, señor; en "Casa de Eladio".
             —Muchas gracias...  Y ya que es usted tan amable, ¿querrá usted decirme en dónde podré encontrar las dos pesetas?
               Otras dos citas humorísticas de la taberna.

              Comer el cocido madrileño a casa de Eladio, que dice los menús con la velocidad de un autobólido ("Buen Humor" 28/9/1929)

              A las dos.—Comida en casa Eladio; los calamares estilográficos, la galena sonora, la carne en salsa, la carne con tomate y las carnestolendas.(Gutierrez” 24/12/1927)



               El famoso boxeador Paulino Uzcudum es  invitado por “La Voz” comer en Casa Eladio.
"A las ocho y veinticinco salíamos de la Granja, (del Henar) y a la media estábamos en casa de Eladio. Un éxito de guisos y otro de manera de vocearlos: las del ruido, las sardinas con gabardina, los corceles del Cantábrico, la carne en salsa, la carne...stolendas, los sesos rebozados, los se-sospecha, los se-sostiene, el tocayo, el queso de aviación, etc., etc. Mis invitados comieron admirablemente.Y además se volcaron de risa. (“La Voz” 5/10/1932)

               El escritor Julio Camba va al Congreso "y allí me encontré a todos mis amigos: los del Ateneo, los del café Regina, los de las cervecerías de la plaza de Santa Ana, los del Buffet Italiano y hasta los de casa de Eladio, la pintoresca tabemilla de junto al teatro Real. Todos eran diputados, naturalmente, y aquello parecía un tren botijo." (“El Sol” 31/10/1933)

               En 1934 la prensa critica  las comilonas , en restaurantes de lujo de los políticos:
              "Y en Lhardy comen juntos con el señor Lerroux, el presidente de la Generalidad, Guerra del Río y Estadella...Habrán ustedes observado que a estos demagogos no se les ocurre jamás ir a comer a casa de Eladio." (“El Siglo futuro” 26/2/1934)

              A la taberna de Eladio la vemos citada en muchos autores y periódicos: Arturo Barea en "Forja de un Rebelde",  José Luis Sampedro en "Octubre, Octubre",  Juan Antonio Cabezas en su "Madrid", Luis Romero en "Libro de las tabernas de España" Alabada por la mayoría, sin embargo, otros autores le dan a nuestra taberna una categoría ínfima como Cansinos Assens en sus "Memorias de un literato" ("tabernas inmundas como la del Barbas  o Eladio") o  José López Ruiz en "Aquel Madrid del cuplé" que dice que "por debajo -en categoría- de la casa de la Concha, y también visitadas por aquella divina cochambre, estaban las tabernas del Barbas y Eladio"

               En una entrevista que  le hicieron a Antonio Terán, dependiente de Casa Eladio durante años, cuenta  la cantidad de gente famosa que pasó por la taberna. Entre los artistas cita a Miguel Fleta que iba a comer carne en salsa, Imperio Argentina, Carlos Gardel, los maestros Villa y Arbós, Loreto Prado y Enrique Chicote y la popular Chelito que, para conservar la linea, solía tomar un consomé y un filetito a la plancha. Los compositores Vives y Bretón eran asimismo  clientes de la taberna.

               También acudían deportistas como Santiago Bernabeu, Ricardo Zamora , el boxeador Uzcudum y los ciclistas Fermín y Vicente Trueba; militares como Sanjurjo, Ramón Franco, y Ruíz de Alda.

               Según Terán el local se abría a las ocho de la mañana hasta las doce de la noche, aunque, por lo visto anteriormente, la hora de cierre debía ser  un poco elástica.

              Como curiosidad, veamos los precios de algunos platos en 1925:  Judías, 0,50; huevos fritos, 0,90; ternera, 1,50 y cocido, 0,75.

          Eladio Leirana estaba casado con Manuela Montes, espléndida cocinera, y tuvieron 6 hijos. Durante la Guerra Civil la taberna  fue requisada y medio destrozada. En 1838, fallece Eladio y, pasada la  contienda y arreglados los desperfectos, en 1942 reabre la taberna Eladio Leirana Montes, hijo del fundador, que muere en 1962 y la taberna pasa a su hijo Juan Manuel Leirana Vargas; este se va al extranjero en 1965 y vuelve a Madrid en 1970 reabriendo la taberna, que alquila al poco tiempo y que, finalmente, vende en torno a 1980.

           .Según información de Antonio Iraizoz, la taberna, con otros dueños y con el nombre de "Restaurante Real, antigua Casa Eladio",  siguió  durante muchos años.  hasta que se rehabilitó la finca a mediados de los ochenta. Ahora el local forma parte de la trasera del  restaurante de una cadena americana.

Casa Marta antes de verano de 2013 (Foto I. Medina)

                En 1929 Eladio amplia el negocio cogiendo otra taberna en la calle Santa Clara nº 10, aunque en los Anuarios aparece  como propietario, entre 1930 y 1943, su yerno Luis Duce casado con Isabel, una de las hijas de Eladio.. Anteriormente, este local era una taberna muy pequeña ocupando sólo la habitación de la entrada,, pues dentro era la vivienda del tabernero que se llamaba Emilio Álvarez. Según se comentaba por el barrio, García Lorca  se reunía en esa tabernita con amigos.

               En 1943 esta taberna pasa a manos de otro hijo de Eladio,  Emilio,  con el nombre de "Casa Emilio". Como curiosidad, diremos que, al quedarse Emilio viudo de Carmen,   forma pareja con Gloria,  una hija de Próculo, otro tabernero famoso y  cuya taberna estaba enfrente, en Santa Clara, 7. Esta pareja no está mucho tiempo al frente de la taberna, que cambia de propietario y hacía 1950 pasa a llamarse "Casa Marta" siendo ya, mas que taberna, una casa de comidas. En 1970 se hace cargo  María Dolores San Román, antigua cocinera del local. Con el nombre de "Casa Marta"  se mantiene hasta  el último mes de agosto cuando, su propietario desde 1989,  Antonio Roiloa, la traspasa. Ahora es un asador .


BIBLIOGRAFÍA:
José Alfonso: "El Madrid del cuplé"
Tomás Borrás: "Jacaranda de Madrid"
Antonio Díaz-Cañabate:"Historia de una taberna"
Anuario General de- Comercio... (Varios años)
Hemeroteca Nacional
AGRADECIMIENTOS:
 -- A Antonio Roiloa, último propietario de Casa Marta y gran conocedor del Barrio de Palacio
-- A Ignacio Leirana, biznieto Eladio el fundador y nieto de Emilio y a Reyes Castillo, su mujer y también descendiente de taberneros. Ellos me han aclarado algunas dudas y,  gracias a su información, he introducido algunos cambios a la entrada original del blog.



































jueves, 31 de octubre de 2013

TABERNA LA CONCHA Y CALLE ARLABÁN

LA TABERNA DE  LA CONCHA Y LA CALLE ARLABÁN

               Fue esta taberna una de las más famosas  de Madrid durante la primera mitad del pasado siglo.  Heredera de su vecina,  la taberna del Tío Lucas,  también en La Concha fueron muy populares sus judías. Punto de reunión de artistas, bohemios, crápulas y noctivagos; reuniones que no pocas veces acababan  en broncas, peleas y algún que otro navajazo.Clientes asiduos de esta tasca eran Joaquín Dicenta , Mariano de Cavia y Julio Camba.    

               Precisamente a causa de una pelea  "Anteanoche riñeron en la  calle de Arlabán dos individuos que poco antes, habían disputado en la taberna llamada de La Concha, establecida en dicha calle", que fue noticia en El Globo en 1900, sabemos que la taberna ya estaba abierta en ese año aunque pienso que, seguramente, ya existía en los últimos años del XIX.

               En 1904, con motivo de un asesinato La Esfera nos dice que el sospechoso busca coartada y dice que “La noche de autos estuvo con Bernardo en la taberna de Amando en la calle de Lope de Vega; que allí dejó al mozo y él se fue al café del Prado; de allí al de Zaragoza, y de éste al Oriental, pasando por la taberna-restanrant de la Concha, en la calle de Arlabán". No sabemos si el hombre era culpable pero de lo que podemos estas seguros es de que le iba la "marcha"

               La taberna de Amando Varela estaba en el nº 22 (actual nº 20) de  la calle Lope de Vega esquina a la costanilla de las Trinitarias, el café del Prado en la calle de este nombre esquina a la C/. del León, el de Zaragoza estaba en la C/. Atocha esquina  también a la C/.del León y el Oriental en la Puerta del Sol entre las calles Preciados y Carmen.

               Por cierto, Dicenta parece que escribió en esta tasca , entre chato y chato, algunas escenas de su Juan José . Si no tenía dinero para cuartillas, escribía sobre papel de envolver. Curiosamente, una vez terminada la obra, se leyó por vez primera en  el Café Inglés que estaba enfrente de La Concha. Cuando se estrenó la obra, Mariano de Cavia le dijo a Dicenta:
               - La obra está muy bien porque la has vivido y la has bebido

                La taberna estaba en el nº 2 de la calle Arlabán, que hasta 1882 se llamó calle   (o callejón) de los Gitanos. El nombre actual se debe a la batalla de Arlabán de Salinas  en Álava donde en 1835 las tropas cristinas vencieron a los carlistas. Era una calle trasera y estrecha llena de maleantes y busconas hasta su remodelación. Según Répide no podía ser utilizada  para el paso de carruajes y "presenta un especial aspecto por los colmados en ella establecidos y la vecindad de la torería ambulante en su embocadura de la calle Sevilla" Así la ve  el Heraldo en 1928:

             "He aquí el antiguo callejón de Gitanos. Ayer—un ayer muy remoto—cobijo de la fauna más dramática, más tenebrosa, a la vez que pintoresca, del Madrid de 1800. Después, desde mediados de siglo hasta los aledaños de nuestros días, refugio de toreros, de comisos y de vendedores de industrias eutrapélicas. Desde entonces transformada en calle de Arlabán, a pesar de esto, el antiguo callejón de Gitanos, frente a unas vías como la de Sevilla, como la de Nicolás María Rivero (así se llamó la C/. Cedaceros desde 1895 a 1943), de indudable marchamo europeo, presentaba un agudo contraste, por su reducida calzada, la humildad de sus edificaciones y la poca limpieza de que siempre fue favorecida. Aquel recodo del Suizo, bolsa y senado de la tauromaquia, es inolvidable para muchas imaginaciones. La calle de Arlaban, hasta la posguerra, en que se vio turbada por las edificaciones del Banco de Bilbao y del teatro Alkazar, fue un rincón de brillante casticismo. La taberna de La Concha, que figura en tantas páginas de nuestra historia contemporánea, era el corazón de este trozo de Madrid; enfrente, el despacho de la plaza de toros fingía como una lonja de la sensibilidad nacional, y para que no la faltase nada, un café de camareras—ese burdo oasis de la galantería celtíbera—ponía con su pianola un murmullo placentero a todos los instantes. Sin embargo, ni aun así el progreso de la corte ha permitido que subsistiera. Cayó el café Suizo para trocarse en una finca de aire americano, y desde entonces lo tradicional fue menguando. Hoy la calle de Arlaban se ha convertido en esta hermosa vía, amplia, luminosa y limpia que es hermana digna de la de Sevilla, de la de Alcalá y de la de Nicolás María Rivero.
(El Heraldo  27/171928)
Calle Arlabán en 1928. La Concha estaba  entrando a la derecha  (Foto de La Esfera)

               En el mismo año de 1928 en La Esfera aparece un artículo de Julio Romano hablando de la calle Arlabán en términos parecidos al comentario anterior.

              "La calle de Arlaban fue en el siglo S-XVIII el callejón de los Gitanos.  Desde mediados del pasado siglo basta los umbrales de nuestros días, la callejuela de Arlabán—pues la categoría de calle la ha alcanzado hoy— fue refugio y atalaya de cómicos sin contrata, danzantes, sablistas, cantaores de lo fino, que sólo abrían su boca para pedir dinero, gente de la briba, intermediarios de asuntos más o menos honestos, flamencos, belitres y vendedores de baratijas, que hacían campo de sus maniobras el trozo de acera que partía desde el Café Inglés a la esquina del Suizo. La chusma de parásitos tenía allí su lonja, junto a la taberna de la Concha y el despacho de la plaza de toros era un tabuco de madera, en el que los días de corrida, junto al cartel policromo de la fiesta, se apelotonaba la afición, impidiendo el paso al transeúnte, que tenía que abrir una brecha a codazos entre la nube de vagos. Cayó el Suizo. Las calles de Sevilla y de Alcalá se embellecieron con modernísimas edificaciones de empaque europeo. Quedó rezagada y perdida entre las nuevas moles de cemento que se erguían junto a ella la calle de Arlabán, boquete donde pregonaban su humildad un puñado de casas vetustas. El derribo del edificio donde estaba instalado el Café Inglés, llenó de aire y de luz el castizo rincón y ha convertido al antiguo callejón de los Gitanos un una calle clara, luminosa y limpia."
(La Esfera 4/8/1928)

          El Café Inglés  estaba en la C/. Sevilla esquina con Arlabán nº 1; ya existía en 1873 y era un lugar muy frecuentado por toreros y disponía de varios reservados para encuentros íntimos. Se daban también muchos banquetes de homenaje  e incluso bodas como la del torero Manuel Mejías "El Papa Negro", fundador de la dinastía de los Bienvenida celebrada en 1911. Según Ángel del Río en su libro "Los viejos cafés de Madrid",  en 1905 el Real Madrid celebró su primera victoria en la Copa del Rey frente al  Athletic de Bilbao. En 1923 aún estaba abierto pero en 1927 ya había desaparecido.

Calle Sevilla en 1895. A la derecha entrada a la C/. Arlabán y Café Inglés

       

Calle Arlabán en la actualidad. A la derecha vemos la esquina donde estaba la perfumería Álvarez  Gómez                    (Foto del autor)


Calle Sevilla hacia  1925. El edificio en obras  es donde estaba el Café Inglés. A la derecha la Carrera de San Jerónimo
               José Lòpez Ruíz nos dice que, en la época del cuplé, ( en torno a 1900-1930) por la noche, "en Madrid  se podía ir a muchos sitios. uno de los más acreditados era la casa de La  Concha, en la calle de Arlabán. Era dicha casa, una taberna famosa por sus sopas de ajos y por ofrecer unas apetitosas cenas de madrugada. Sopas y cenas famosas, además de por sí mismas, por el nombre y renombre de sus consumidores. Pero, además de lo gastronómico, en la casa de la Concha se podía gustar de lo venusiano, servido este plato por agradables alternantes. Ni que decir tiene que, con estos ingredientes, los más necesarios para el ser humano, el local siempre estaba ahíto de libertinos, cocotrices y señoritos juerguistas, a más de algún que otro aristócrata deseoso de mezclarse con lo decadente y, en cierto modo, popular. Por debajo -en categoría- de la casa de la Concha, y también visitadas por aquella divina cochambre, estaban las tabernas del Barbas y Eladio. Y, muy por encima de aquella, las de Próculo y Pascual".  
               Aunque en esa fecha hay varias tabernas  conocidas como  el Barbas, creo que se refiere a la de la calle de. San Andrés. Eladio estaba en la calle Independencia, Próculo en la de Santa Clara y Pascual en la  de la Luna. De algunas de estas  escribiremos en próximas entradas de este blog.

               Rafael Cansinos-Asséns nos hace este retrato, no muy benévolo, de la taberna.

               "Nos lleva el coche a la vieja y sucia taberna de la calle Arlabán, donde, a esa hora de la madrugada, pulula un público denso y promiscuo de pecadoras, toreros, pelotaris y periodistas. Las paredes están decoradas con litografías chillonas, ya desteñidas por el humo, de carteles de toros; el suelo, de madera, aparece salpicado de vino y gargajos, y en los rincones la aprensión quizá me hace ver cucarachas, que se remueven torpemente. Los camareros son sucios y groseros. No me explico, sino por un sentimiento masoquista, el placer que puedan tener estos hombres en frecuentar estos antros ni que vengan aquí a arreglarse el estómago, cuando todo lo que les rodea infunde náuseas"


               En La Busca de Pío Baroja un personaje “propuso que fueran a cenar los dos a casa de la Concha, en la calle de Arlaban"

               De esta taberna nos habla también Díaz-Cañabate en el ABC de 5/1/1975:

          “Bastantes años en las noches del 5 al 6 de enero nos reuníamos para cenar unos cuantos amigos en una taberna, ya desaparecida, sita en la calle Arlabán, llamada la Concha, donde servían unas judías a la bretona de toda excelencia. A más de las judías no embaulábamos buena porción de callos a la madrileña. La sobremesa se prolongaba lo suyo, animada por vinillo valdepeñero.

               ¿Hasta cuando permaneció abierta esa taberna?

               En los Anuarios de 1820-30 vemos  como propietaria  a Concepción Vázquez (Concha).En 1944 aparece un anuncio en el ABC  en el que se vende “Magnífico mostrador taberna, dos servicios. Arlabán,. La Concha”. El mostrador que de vendía no sería el de la propia taberna  pues, años más tarde, en 1952, vemos también en el ABC, que en un sorteo del Anís del Mono,  le corresponde a “La Concha, Arlabán, 2 como premio un par de medias Vilma negras Nylon Dupont". ¡Que elegante iría doña Concha!.
(ABC-29/11/1952)
               Aunque más moderno, otro establecimiento muy conocido de la calle Arlabán fue El Cortijo, medio taberna medio colmado andaluz, que ya existía en 1930 en el nº 13 antiguo y en el 9 moderno. Debió heredar el despacho de billetes para los toros que había en la calle pues así aparece en un anuncio de 1967. Desapareció a finales e los 70 sustituido por una cafetería.

El Cortijo en la C/. Arlabán, 9 (Foto de Luis Agromayor)

               Otro establecimiento muy conocido no solo en el barrio sino en todo Madrid fue el de la perfumería Álvarez Gómez  que se establece en  la C/. Sevilla esquina con Arlabán en 1899. como vemos en las fotografías siguientes, era una tienda elegante y refinada.En el sótano se fabricaban los perfumes. .  Su lugar lo ocupa hoy un banco.





Tienda de Álvarez Gómez.  en C/. Sevilla  esquina con la C/. Arlabán (Foto Álvarz Gómez)


Interior de la tienda  Álvarez Gómez (Foto Álvarez Gómez)
BIBLIOGRAFÍA.-
Cansinos Assens, Rafael. La novela de un literato Vol-I
López Ruiz, J. Aquel Madrid del Cuplé
Hemeroteca Nacional
Hemeroteca ABC
Agradecimiento a María R. Giménez por su colaboración


viernes, 27 de septiembre de 2013

TABERNAS EN EMBAJADORES

TABERNAS EN EMBAJADORES

               Vamos a hablar hoy de cuatro  tabernas: tres de la calle Embajadores, muy próximas entre sí  y que, desgraciadamente,  ya han desaparecido: "Casa García", "Aguardientes" y "Casa Paco", y de otra  que permanece abierta, en la calle Huerta del Bayo: Casa Zoilo. De las tres primeras, realmente, taberna, lo que se dice taberna, únicamente lo era "Casa Paco" con sus mesas y sus taburetes de pino. Las otras dos, sin sitio para sentarse,  eran más bien bodegas o despachos de vinos y licores que, además de servir chatos y copas, vendían a granel.


Casa García en 1985  (Foto de M. Cecilia-A. Pasies)

                Bajando desde el Rastro, la primera que  encontrábamos era "Casa García" en la esquina con la calle Abades. Preguntando, en 1984, al  dueño por su antigüedad, da la fecha de 1929 en que era bodega, ultramarinos y frutería en el mismo local. En 1939 pasó a ser sólo taberna y en 1940 su propietario es Bernardo Barrio. Sin embargo, tenemos datos de una taberna en ese número de la calle nada menos que desde 1839.
Interior de Casa García (Foto de M. Cecilia-A.Pasies)

               La fachada  estaba pintada de verde y dentro tenía un interesante mostrador de  zinc, con  azulejos en la parte frontal y con dos surtidores antiguos. También el zócalo estaba revestido de azulejos, todos de tonos azules. En las paredes se podían ver algunos anuncios muy antiguos  como : "Jerez especial para enfermos" o "Vino blanco ajerezado superior"
Casa García  (Foto de Luis Agromayor)


               Entre otros habían pasado por esta taberna Celia Gámez, Conchita Piquer y multitud de artistas que trabajaban el el cercano Teatro Pavón.
                  El lugar de esta taberna lo ocupa ahora (¡que raro!), un comercio chino

             Casi enfrente de Casa García, en el número 26 de la calle, en un edificio que fue propiedad y residencia del arquitecto Pedro de Ribera, estaba  la pequeña bodeguita  con su rótulo  claro y conciso: "Aguardientes" aunque en el barrio se la conocía por "Casa Valentín".
Aguardientes (Foto de M.Cecilia-A.Pasies de 1984)

          Según nos contó la dueña pocos años antes de cerrarse el local, su marido lo había heredado de su padre que murió en 1979 con 90 años y al pié del cañón. Este señor entró de aprendiz a los 12 años y vivía  en un cuartito de la trastienda. Posteriormente,  se casó con la doncella de la casa  haciéndose después cargo de la taberna.
Placa a Pedro de Ribera


           La propietaria nos dijo que este local se abrió en 1834. No dudamos del dato y menos sabiendo que aparece registrada ya en 1851. En 1880 estaba a nombre de Salvador Torre y en 1894 al de Manuel Celeiro. Posteriormente su dueño fue Santiago Malaria.




Aguardientes, interior (Foto de M.Cecilia-A.Pasies)

          Cuando nosotros conocimos la taberna  ya había sufrido varios cambios y ninguno bueno. Desapareció el mostrador de zinc con un frontal de cerámica realizado por Alfonso Romero, con escenas del Quijote ¡que pena que no quede ni rastro!. También quitaron un surtidor para la sidra muy bonito que estaba a la derecha del mostrador aunque, en sus últimos años,  le quedaba otro, este para la cerveza, precioso, rematado con un pequeño león. Se mantenía, en cambio, el techo pintado al fresco que, aunque muy ennegrecido, era interesante.. En la cueva tenía grandes tinajas.
La puerta de la derecha  era la de "Aguardientes"  (Foto a. Pasies)
               Si dejamos volar la imaginación, se cuenta que este edificio fue sede temporal de la Embajada  Inglesa cuando, a causa  de una epidemia, las embajadas se trasladaron a esta zona.

                  Ángeles Espinosa describía así  a esta taberna: "Sin azulejo, predomina en ella la madera y el cristal pintado en un bello conjunto  en el que el mostrador y la anaquelería son elementos importantes. Varias familias de madrileños han sabido conservarla  a lo largo de más de un centenar de años. Inmutable  ante el paso del tiempo la taberna de Embajadores nº 26 da la pincelada necesaria para que el turista deseoso de conocer el viejo Madrid, o el madrileño que gusta de perderse por sus calles, encuentre en ella el eslabón perdido que ligas la calle de hoy con su pasado". Desgraciadamente,  hace ya  más de veinte años que este eslabón desapareció. 

                  En la misma acera, un poco más abajo, en el nº 36, estaba hasta los años 70 de pasado siglo "Casa Paco" de la  que tenemos datos desde 1847, fecha en la que está a nombre de Miguel García Quirós y que, después de varios propietarios,  en 1940 el tabernero se llamaba Francisco Cuadrado que supongo  sería el que le daba nombre al local.
Casa  Paco en 1957. No se  asusten, la cola es para la pescadería 

                 Cuando la visitamos en 1973 estaba muy bien conservada y con sus puertas rojas y el tabernero nos dijo que uno de sus más ilustres clientes había sido Carlos Arniches.

                  A esta taberna se debe referir Antonio Díaz-Cañabate cuando cuenta esta anécdota:
   "Estamos en una taberna de la calle de Embajadores. La merendola es regular. Sardinas arenques, longaniza y queso de Villalón. Por supuesto, una frasca de tinto. En torno a la mesa, el señor Fausto el broncista, Brígido el fontanero, Obdulio el encuadernador y un servidor de ustedes. nos estamos jugando la merienda al mus. Se trajela y se empina el codo en un descanso de la lucha. Y  se habla y dice el señor Fausto:
                
                  <<En esta misma mesa conocí a don Carlos [...] estábamos echando un mus ahí, en esa mesa y él estaba sentao en esta misma con otro caballero, muy atento a la partida, y, lo que pasa, que se enredó la cosa y charlamos.Y cuando se marchó, el señor Felipe el tasquero, el anterior dueño, nos dijo que era don Carlos Arniches. Desde entonces no me perdí estreno suyo>>"
Aquí estaba Casa Paco (Foto A. Pasies)


                  Luis Romero también habla de esta taberna y cuenta que un parroquiano  se mosqueó porque  el tabernero la comentó a Luis que el referido cliente frecuentaba  mucho las tabernas sin  aludir a que también "iba a misa  de nueve en el Carmen, todos los domingos y era buen cristiano". Borrachín si, pero en paz con Dios.
                   En el lugar donde estaba la taberna  hay ahora un "Hogar de mayores"
             Si el lector de estas lineas se siente apenado por no poder  tomar un chato en estas tascas desaparecidas, le diremos que puede hacerlo en "Casa Zoilo", una taberna cercana a las anteriores, con solera y  "viva"  todavía, que , aunque reformada por dentro, mantiene una fachada magnífica y unos bonitos anaqueles.
Casa  Zolio en la C/. Huerta del Bayo en 1985  (Foto de M. Cecilia-A. Pasies)
           De esta taberna sabemos que en 1880 pertenecía a José Hermida. Seguramente se abrió al construirse la casa en 1865. Era una especie de bodeguita mucho más pequeña de lo que es ahora. El establecimiento daba a la calle y dentro estaba la vivienda de los dueños. En 1911 estaba regentada   por Antonio Pérez y en 1930 por Mateo Sánchez  quien,  hacia 1940,  se la vende a Zoilo, que  la amplia quitando la vivienda en 1952 . Como curiosidad diremos que Mateo le dejó el reloj de pared que aun preside de la taberna. A Zoilo le sucede su sobrino Ángel quien, tras trabajar varios años en el establecimiento, en 1980 se hace cargo del mismo.
Interior de Casa  Zoilo   (Foto A. Pasies)

                  Esta taberna fue la sede de una de las peñas del barrio, que tanto proliferaban entonces, y lugar de encuentro de gente del Rastro y del mercado de San Fernando. Actualmente,  van muchos jóvenes a probar sus empanadillas, sus deliciosas patatas al ajillo y otras viandas elaboradas por la mujer de Ángel , regado todo con un buenísimo vermut de grifo, una cerveza o algún "riojilla " de calidad. .

Bibliografía.-

Ángeles Espinosa: Tabernas (Establecimientos  tradicionales madrileños, Tomo III)
Antonio Díaz-Cañabate: Tertulia y anécdotas
Luis Romero: Libro de las tabernas de España
Archivo Histórico Nacional
Anuario del comercio, la industria... (varios años)
Agradecimiento a Ángel, tabernero de Casa Zoilo y persona entrañable